Hacer lo que se ama

hacerDios ha puesto en cada uno de nosotros un don especial para usar el instrumento preciso que nos corresponde en la sinfonía universal de la vida. El mayor tesoro que podemos hallar en la tierra es ese singular talento, vocación o llamado divino para el que hemos nacido. Una vez descubierto nuestro don contraemos la trascendental misión personal de ejercerlo en beneficio de la humanidad.

Cuando nos dedicamos a hacer lo que verdaderamente amamos, a ejercer nuestra pasión vital, gozamos del presente como una experiencia espiritual y el sentido de la vida florece en nuestro corazón. Entramos en comunión con todas las fuerzas de la vida y sin esfuerzo fluye la creatividad, la prosperidad y la felicidad.