Siempre en algún momento de nuestra vida nos hemos preguntado por el verdadero significado de la felicidad sintiendo en el corazón que la felicidad es la meta de la existencia, un camino que todos deberíamos andar. Continuamente deseamos felicidad a las personas cercanas que amamos, a quienes parten a tierras lejanas, y a quienes han regresado a casa. Nos preguntamos a nosotros mismos de vez en cuando si en la actualidad somos felices. Y al final de nuestro camino también nos enfrentamos a la pregunta más importante: si tuvimos el valor de conquistar nuestra propia felicidad.
Cada ser humano se hace una idea particular de cuál será la meta que dará felicidad a su vida y cómo debería ser el viaje a ese destino. La idea de la felicidad varía de persona a persona: en algunas prevalecerá un sentido de vida en el afecto; en otras, un modo de vida que garantice la subsistencia, o la posibilidad de vivir a plenitud la libertad.
Sin embargo, a pesar de nuestras inclinaciones particulares, por fortuna todos coincidimos en que deseamos ser felices. Y aunque sea difícil ponernos de acuerdo sobre la naturaleza de la felicidad y cómo alcanzarla, todos concordamos en que la felicidad debería ser el estado natural del ser humano. Experimentamos la felicidad como el puerto al que todos debemos arribar, pero también intuimos que la felicidad es un viaje que todos deberíamos vivir.

