El árbol que crece en el presente se debe a las raíces del pasado pero mira al cielo del futuro. La vivencia plena del presente puede ser alterada por nuestra preocupación por el futuro. Es muy importante una vida con metas y planeación para lograrlas y ello trae inevitables contingencias en el camino, porque una de las reglas de la vida es que el camino tiene obstáculos. Pero también debemos perseverar en nuestros propósitos y enfrentar los problemas con un optimismo renovado y la esperanza de un porvenir feliz. Al fin y al cabo nacimos para ser felices. El presente debe apuntar su mirada al futuro esperándolo como venturoso y feliz

