Alepo

La tragedia de Alepo en la que vemos a diario a niños muertos por los bombarderos de las grandes potencias y a sus civiles huyendo hacia Europa en frágiles barcazas marinas, constituye un mal ejemplo de la insolidaridad que se ha propagado en la conciencia humana moderna.

Esto es evidente porque la sociedad de las personas del mundo observan desde sus televisores este horror sin pronunciarse. Los dioses modernos, las estrellas del entretenimiento, que por su condición de dioses deberían protestar, tampoco lo hacen.

La tragedia de Alepo nos recuerda que los intereses de las grandes potencias siguen imponiéndose en la tierra, para hacer valer su dominio territorial y económico. Estos intereses no son humanistas, porque hacen que zonas geográficas se coinviertan en nuevos holocaustos que creímos acabados desde la segunda guerra mundial. Se suma a esta tragedia las religiones convertidas en ideologías de dominación y exclusión.

Enviemos nuestras cartas de protesta y solidaridad a la ONU, para que empecemos a producir un fenómeno nuevo mediático de masas tendiente a cesar esta catástrofe, que puede ser el inicio de la tercera guerra mundial.


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