En la filosofía budista existe otra forma de relacionarse con los deseos. Hace más de dos mil quinientos años el rey Sudodana, en el norte de la India, deseaba profundamente que su hijo Shidarta Gautama Buda no conociera enfermos, ancianos o sufrimiento alguno. A causa de una antigua leyenda, tenía el temor de que su hijo se convirtiera en monje y abandonase el destino de la monarquía. Sin embargo, Shidarta Gautama Buda después de gozar de una vida de infinita riqueza material a los veintinueve años experimentó un llamado interior que lo hizo renunciar al palacio real y emprender un viaje de vida mendicante con el propósito de hallar la causa del sufrimiento humano. Después de muchas privaciones y a punto de morir, Shidarta Gautama Buda encontró la iluminación, un estado espiritual más allá del bien y del mal, desde el cual logró por fin apaciguar sus deseos y hacer cesar su propio sufrimiento. Desde entonces el budismo nos exhorta a seguir el camino del medio, situado, según esta visión, entre el sensual placer de los sentidos y la austeridad de los ascetas.
Buda y Los Deseos

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