Carta a Messi

Dios ha puesto en ti un don especial que te corresponde ejercer en el partido de fútbol de la vida. El mayor tesoro que tienes en la tierra es esa vocación o llamado divino para el que has nacido. Desde el día en que descubriste esa pasión por el fútbol has contraído una trascendental misión de ejercerla en beneficio de la humanidad.

El dolor y la alegría son las dos caras que nos muestra la moneda de la vida. Quisiéramos siempre disfrutar de todo aquello que es placentero, meta principal de nuestros deseos. Y quisiéramos no sentir nunca la experiencia del dolor. Pero entre el dolor y el placer  transcurrirán todos los acontecimientos de tu vida. Lágrimas y risas siempre dibujarán el semblante de tu recorrido en el deporte.

El dolor no entiende razones, no atiende consejos, es sordo ante las lecciones. ¿Cómo se purifica un corazón turbado por el dolor? Entendiendo que todo dolor inexorablemente transita a través de la negación de lo ocurrido, en que todo parece mentira, la inmediata crisis con su carga de rabia y angustia, hasta llegar a la aceptación serena de la realidad.

En medio del dolor y la frustración la mejor jugada es levantarse y volver a empezar el camino de los sueños. La vida no es ganar o perder. La vida es sencillamente disfrutar del viaje, dejar atrás el pasado y ejercer tu talento en provecho de la humanidad.

Los niños del mundo esperan de ti el ejemplo de voluntad para vencer a la adversidad. Levántate y vuelve a jugar para América.


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