Vinimos a la tierra con un propósito de amor para manifestar nuestros
talentos, con los cuales podemos satisfacer las necesidades de la humanidad
y en ese ejercicio ser felices y también producir felicidad.
Este propósito solo se puede ejecutar en un tiempo determinado, pero
continuará en las obras que podamos legar a la humanidad y en quienes más
queremos. El tiempo de ejecución de nuestro propósito es limitado porque
así también es el tiempo de nuestra vida: tiene un comienzo y tiene un fin.
Somos todos efímeros. Entonces lo que podemos hacer es aprovechar el
tiempo para ejercer, plenamente y en cada instante, los hábitos de la
felicidad: desear con moderación, hacer lo que amamos, ayudar, cuidar de sí
mismos, amar a nuestros cercanos y a la humanidad, vivir en el presente y ser
profundamente espirituales.
Todos nos iremos, nos separaremos de nuestras familias, padres, hermanos,
amigos y de todos aquellos a quienes conocimos para, luego, reencontrarnos
en la escuela del compartir amoroso de nuestros aprendizajes en la tierra,
esa escuela del amor eterno de seres de luz en que nos convertiremos.
Quienes quedan en la tierra cuando nosotros partimos, podrán comprender
al pasado compartido con perdón y gratitud, reconocer la importancia de
estar en el presente y mantener encendida la esperanza en el futuro.
Cuando partamos, entenderemos que Dios ha cumplido en nosotros su
propósito y por tanto nos ha invitado a un estado amoroso de luz para
reiniciar otro ciclo de amor y felicidad, mejorado en una nueva vida. Ese es el
ciclo que se reinicia con nuestro primer llanto de la tierra.
Categoría: Mensaje Diario
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EL CICLO DE LA VIDA Y DE LA MUERTE
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LAS AUTENTICAS PASIONES
Las auténticas pasiones, La felicidad se consigue en la satisfacción de los deseos, pero no de cualquier tipo de deseos sino de aquellos que se orientan a nuestras auténticas y profundas pasiones.
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En un cuento del budismo zen se relata que un hombre joven fue a visitar a un viejo sabio con el fin de que lo instruyera. El anciano lo recibió, invitándolo a una taza de te. Mientras tanto, el recién llegado no paraba de hablar inconsciente sobre los muchos conocimientos.
El sabio cogió la tetera y empezó a verte té sobre la taza del invitado, de tal modo que el humeante liquido se demarro. No obstante, el viejo siguió sirviendo el té.
-¿Que hace usted – dijo el joven -, no se da cuenta que la taza rebosa y esta cayendo el té al suelo?
– Ilustro esta situación, Tú, la igual que la taza, estás ya lleno de tus propias opiniones, prejuicios y creencias. ¿De qué serviría que yo intentara enseñarte algo si antes no te vacías?
Cambiar de hábitos requiere valentía para abandonar el pasado, fortaleza interior para enfrentar la adversidad, pero sobre todo la perseverancia para continuar en el nuevo camino elegido.

