Categoría: Mensaje Diario

  • Los cinco grandes arrepentimientos de la gente antes de morir

    Los cinco grandes arrepentimientos de la gente antes de morir

    Con frecuencia, las personas al hacerse mayores suelen recordar con nostalgia las cosas o acciones que hicieron o dejaron de hacer durante su juventud. Sin embargo, cuando estas personas saben que la muerte está cerca, ya sea por enfermedad o por vejez, esta sensación se intensifica y puede terminar por perturbar su tranquilidad.

    Son muchos los arrepentimientos que tienen las personas antes de morir. De hecho, de acuerdo con Juan Carlos Hernández, médico paliativista y director del Hóspice Presentes de Cali, esto es normal cuando las personas contemplan que la posibilidad de la muerte es real. “Muchos de los pacientes se quedan en el pasado y empiezan a sentir culpa por lo que no hicieron. Culpa por no haber disfrutado completamente la vida que se les está yendo”, explica el doctor.

     

    El recordar los eventos del pasado es normal en los moribundos de acuerdo con Hernández. Sin embargo, esto puede volverse tormentoso para algunos pacientes. Para tratar estos pensamientos, la enfermera australiana Bronnie Ware, que trabajaba en una unidad de cuidados paliativos en Sydney, diseñó una estrategia que mediante la conversación los ayudaba a superar estos fantasmas.

    El resultado de su investigación quedó consignado en un libro titulado “Los cinco más grandes arrepentimientos de los moribundos”, que como su nombre lo indica señala los principales remordimientos de los ancianos. De acuerdo con Ware, al conversar con sus pacientes encontró que había unos arrepentimientos más comunes que otros.

    «Ser fiel a lo que quería y no a lo que otros esperaban de mí»

    Este es el primer arrepentimiento y el más común entre los moribundos. “Cuando las personas se dan cuenta de que su vida está a punto de terminar y miran hacia atrás con claridad en ella, es fácil ver cuántos sueños no se han cumplido”, explica Ware.

    Juan Carlos Hernández, del Centro Presentes manifiesta que esta sensación es más común de lo que se piensa. “Los seres humanos no tenemos las herramientas para afrontar estas situaciones, en las que se genera dolor y sufrimiento y hay muchos arrepentimientos sobre cómo se vivió la vida”, dice.

     

    «Ojalá no hubiera trabajado tanto».

    El trabajo es quizás una de las actividades en donde los seres humanos pasan más tiempo durante sus vidas, algo que sin dudas, al llegar a la vejez, cobra factura. De acuerdo con el estudio de Ware, esta sensación fue más común entre los hombres, que antes debían cumplir el rol de proveer a sus familias. “Todos los hombres que cuidé lamentaban profundamente el haber gastado tanto tiempo de su vida trabajando”, explicó Ware a BBC.

    “Este lamento tiene que ver con el tiempo perdido, pues muchos de los pacientes no conciben que la vida se puede acabar hasta que son conscientes de ello”, explica Juan Carlos Hernández, médico paliativista. Según el estudio de Ware, varios hombres manifestaron que gracias a su trabajo se perdieron eventos importantes como el nacimiento de sus hijos, presentaciones en los colegios e, incluso, la muerte de alguno de sus parientes. “El trabajo es una actividad que consume mucho el tiempo de las personas hoy y dejan de lado eventos con familiares o amigos que avanzados en edad son imposibles de recuperar”, cuenta el paliativista.

     

    «Ojalá hubiera tenido las agallas de expresar mis sentimientos»

    Otro de los remordimientos que destaca en el estudio de la enfermera australiana tiene que ver con la represión para estar en paz con los demás. La australiana explicó que muchas de estas personas desarrollaron frustración en sus vidas por conformarse con estilo de vida y no tomar riesgos.

    “La vida no tiene un manual y generalmente las personas buscamos tomar los menores riesgos posibles por estar bien”, explica Juan Carlos Hernández. “Esta situación, aunque sea motivo de tristeza para los pacientes, es bastante normal pues nadie puede predecir el futuro y preferimos la tranquilidad del presente”, complemente.

    Según Ware, las personas que reprimieron muchos de sus sueños y optaron por no tomar riesgos desarrollan enfermedades relacionadas con la amargura y el resentimiento.

     

    «Ojalá hubiera mantenido contacto con mis amigos»

    De acuerdo con el estudio de la enfermera australiana, uno de los arrepentimientos que es común tanto en hombres como en mujeres es el de la compañía. Según Ware, en esos últimos días los pacientes se sienten solos y valoran mucho el conversar con alguien.

    “Es en la enfermedad en donde los vínculos se ponen a prueba. Cuando los familiares y los amigos deciden alejarse o tener más contacto con la persona”, explica el doctor Hernández. “Todo el mundo extraña a sus amigos cuando se está muriendo“, agregó el director de Presentes.

    Según el estudio, Hubo muchos lamentos sobre no dar a sus amistades el tiempo y el esfuerzo que se merecían y según Ware, “a menudo no se dan cuenta de los beneficios que tiene el tener una amistad en los últimos días”.

     

    «Ojalá me hubiera permitido ser feliz»

    Con la muerte, las personas experimentan una sensación de nostalgia y cuestionan muchas de las acciones que realizaron durante sus vidas. De hecho, la enfermera explica que muchos de sus pacientes no comprendieron sino hasta el final de sus vidas que la felicidad es una elección.

    «Todo lo que hacemos en nuestra vida, bueno o malo, nos ayuda a aprender algo» explica Ware.

    Para Juan Carlos Hernández, este arrepentimiento, aunque pueda sonar simple es bastante complejo porque encierra a los pacientes en frustraciones difíciles de superar. “Pienso que como seres humanos debemos aprender a perdonarnos más a nosotros mismos y no ser tan duros por no haber hecho algo en el pasado”

    Según el médico, esta respuesta de los pacientes de Ware demuestra la importancia de los cuidados paliativos, pues a través de ellos se puede tener una sanación de esas emociones de rabia, ira y frustración. Se puede evitar el sufrimiento y manejar los síntomas físicos de la mejor manera. De esa forma llegar a la muerte de manera tranquila y sin ningún tipo de arrepentimientos.

    “Pensamos que la vida dura para siempre, pero también es importante contemplar que la muerte existe y que hay que vivir cada día intensamente”, concluyó el médico.

     

  • Seis preguntas para evitar el suicidio

    Seis preguntas para evitar el suicidio

    Según el psicólogo Miguel de Zubiría*, todos los padres deberían hacerse estos cuestionamiento sobre sus hijos al menos una vez al año para ver el riesgo que tienen de quitarse la vida.

    Lo óptimo es crear una barrera de contención desde el hogar y desde los colegios y universidades, a tiempo, antes del primer intento. Foto: Pixabay

    Ningún sufrimiento semeja al del suicidio de un hijo: es horrendo, demoledor, desconcertante, indescifrable… Los padres quedan con un centenar de preguntas y sin ninguna respuesta. “Siento un vacío profundo y cien preguntas sin respuesta”, nos dicen cuando vienen a nosotros los psicólogos.

    Hace diez años atrás les hacíamos un cuestionario a los padres con hijos que tenían intentos de suicidio y que venían a nuestra consulta en la Liga Colombiana contra el Suicidio. La idea era saber cómo los veían ellos y si había algún asomo de apatía u otro problema que nos indicara su riesgo. Era un examen muy completo de 107 preguntas, y luego de responderlas los padres, molestos, nos decían “¡por qué nadie nos formuló estas preguntas antes!”. La respuesta es porque todavía, tristemente, conocemos poco el suicidio. Pero se avanza a gran velocidad.

    Ahora en la Liga hemos reducido ese gran cuestionario a solo seis preguntas iniciales. Curiosamente, esas preguntas sirven tanto para indagar lo negativo, es decir el problema, pero también para lo positivo, la felicidad de los jóvenes. Apuntan al buen vivir desde la psicología afectiva, con su magnífico tema de la felicidad.

    Años atrás les respondí a algunos padres que tal vez les ayudaría saber por qué yo, que soy el experto y el psicólogo, no me suicido. Los padres se sorprendieron. Esas preguntas se la hacía el escritor Albert Camus a sus estudiantes al comenzar el semestre y las respuestas dejaban ver motivos para vivir de cada quien. Esas preguntas hoy me las formulo yo con frecuencia y se las hago a mis hijos y también a mis nietos. Son seis preguntas que me ayudan a entender el rumbo de mi vida y a tomar decisiones a tiempo. Cuando al responderlas resulta que el joven tiene dos o más respuestas negativas o que indican la presencia de factores como apatía y soledad, empleamos de nuevo el viejo cuestionario del centenar de preguntas, y de confirmar las sospechas remitimos de inmediato al joven a psicología o psiquiatría.

    Lo óptimo es crear una barrera de contención desde el hogar y desde los colegios y universidades, a tiempo, antes del primer intento. El próximo año aplicaremos a gran escala una posible vacuna contra el suicidio para estudiar su impacto que será tema de otro artículo en el futuro; con esta vacuna, en el peor caso, los jóvenes que la reciban tendrán mayores metas, sueños, ilusiones, motivaciones… ¡y auto conocimiento, el antídoto esencial!  Una advertencia básica la propone mi amigo el psiquiatra José Posada, quien afirma que “ni todos los que tienen depresión intentan suicidarse, ni todos lo que intentan suicidarse están deprimidos”. Estas son las preguntas.

    1. ¿Formula ideas pesimistas, esbozos de suicidio, o intentos leves o francos?

    A las ideas suicidas siempre hay que prestarles atención. Hay que conversar con el joven cuando aparece esta pregunta para valorar su firmeza, a fin de tomar la mejor decisión en cada caso. Nunca subestimarla. Conozco muchos padres que la subestimaron y para ellos fue demasiado tarde.

    Esta pregunta en versión positiva sería ¿Mi hijo demuestra alegría de vivir, plenitud, optimismo, entusiasmo? Si resulta que sí, es un antídoto magnífico: la alegría de vivir, dice mucho del joven y más aún de sus padres.

    Lea también: “El suicidio es la punta del iceberg” 

    1. ¿Sufre de una intensa o de varias y prolongadas tensiones? Tiene estrés, conflictos, problemas?

    Una pregunta inicial a manera de reflexión ¿Qué ratones luchan más por su vida: los de laboratorio o los de las alcantarillas?

    Se cree que la causa del suicidio es una, la causa. Sin embargo, pueden saber varias razones que actúan al unísono, debilitan al joven y le hacen frágil ante el sufrimiento. En particular, si esas causas son duraderas y el joven las siente inescapable, que es lo que llamamos en psicología la desesperanza aprendida, es preocupante.

    Y la respuesta a la pregunta inicial es que los ratones más luchadores vienen de alcantarillas, y luchan por su vida hasta el último instante. Y la diferencia entre unos y otros es enorme. ¿Qué se puede extraer de ese ejemplo para nuestros hijos? que la fortaleza de su personalidad y capacidad para afrontar situaciones difíciles es una poderosa arma, un valioso escudo. Pues siempre hay situaciones difíciles, dolorosas, tensas, sin remedio, la dificultad parece ser la materia fundamental de la existencia. Y los mejores padres forman esta gran cualidad para superarla en sus hijos.

    1. ¿Considera su vida infeliz?

    En el día a día de su hijo, ¿predominan los sentimientos positivos de alegría, aprecio, plenitud, optimismo, o por el contrario, los negativos, de tristeza, ansiedad, pesimismo? Más jóvenes de los que piensa son infelices; cuando les hacemos a ellos esta pregunta su respuesta corriente es: “Nunca antes nadie -ni mis padres, ni profesores- me lo preguntó, nunca hablamos de la infelicidad. Mil gracias por hacerlo”. Y dan su respuesta. Tarea positiva fundamental de los padres y colegios es formar muchachos que lleven las mejores vidas posibles: felices. ¿Qué enseñarles? Tal es la cuestión. Pero una cosa es clara: no solo hay que enseñarles conocimientos.

    Le puede interesar: Una nueva mirada al suicidio

    1. ¿Goza su hijo de auto confianza y auto valoración?

    Pocas virtudes superan estas dos cualidades, sobre todo por una razón: lo acompañarán hasta su último momento y además, porque la única persona de quien no podemos separarnos es de nosotros mismos.  Hay que preguntarse si ellos, los jóvenes, se ven como valiosos para sí mismos, no solo para sus padres, ni siquiera para sus profesores. De verdad cree que tiene destacadas cualidades humanas: cariñoso, generoso, abierto, solidario, de iniciativa, decidido, emprendedor… ¿Cuáles cualidades ve en sí mismo?

    1. ¿Es solitario, con regulares o pobres con sus compañeros y amigos en el colegio, o con sus familiares en su hogar?

    De las evidencias más firmes que hay en la psicología actual es que los buenos y abundantes vínculos con otros son cruciales para el bienestar subjetivo o felicidad. Cada uno es fuente continua de cuatro sentimientos magníficos: expectativa, interacción, autosatisfacción, y la sensación de logro. Vienen  con sus cuatro neurotransmisores asociados, la dopamina, la oxitocina, las endorfinas y la serotonina, toda una farmacia de bienestar. Ni qué decir, durante la adolescencia, cuando tejer vínculos y relaciones positivas parece ser la tarea central en la cual fracasan –tristemente- millones de muchachos… solos.

    Esta pregunta en versión positiva es ¿fomenta y promueve las cualidades interpersonales e íntimas de su hijo? Si así es, magnífico.

    1. ¿Es su hijo apático, desmotivado, de pocas iniciativas y pobres sueños?

    Esta pregunta nos conecta con un gravísimo problema de psicología actual, la apatía o infelicidad motivacional: millones de jóvenes sin proyectos, anhelos, sueños, motivaciones ni auto motivación. Para mí, la mayor cualidad psicológica de un joven actual, la auto motivación, el emprendimiento, la alegría de vivir. Si disfruta de intensos proyectos, anhelos, sueños, motivaciones… auto motivación maravilloso. ¿La posee tu hijo?

    Estas preguntas no son solo para jóvenes suicidas, enriquecen las conversaciones de los mejores padres con sus hijos, atentos a sus cuestiones esenciales: la esencia del amor entre padres e hijos. ¿Los amas de verdad?

    *Director FIDPA y programa vacunas contra el suicidio
    fidpa.psicologiaafectiva@gmail.com

  • El 46% de la población mundial vive con menos $5.50 diarios

    El 46% de la población mundial vive con menos $5.50 diarios

    El 46% de la población mundial, es decir, 3,400 millones de personas viven con menos de $5.50 al día, lo que supone que tienen «grandes dificultades» para satisfacer sus necesidades básicas, según un informe del Banco Mundial (BM) publicado hoy.

    En su estudio, el BM establece como parámetros que tener menos de $3.20 significa estar en situación de pobreza en países de ingreso mediano bajo, mientras que $5.50 es la cantidad límite que marca una condición de indigencia.

    En 2015, más de 1,900 millones de personas, es decir, el 26.2% de la población mundial, vivían con menos de $3.20 al día, mientras que cerca del 46% de los habitantes del planeta tenían menos de $5.50 diarios.

    «Nuestros objetivos son poner fin a la pobreza extrema a más tardas en 2030 e impulsar la prosperidad compartida, y seguimos comprometidos con ellos», señaló el presidente del Grupo Banco Mundial, Jim Yong Kim, en un comunicado.

    Más allá de las mediciones de la pobreza en términos monetarios, el documento analiza de qué manera el acceso a servicios adecuados de agua y saneamiento, educación y electricidad afectan el bienestar de las familias.

    En el caso de la zona de la región africana al sur del Sahara, los analistas del BM determinaron que sus habitantes pobres sufren privaciones en numerosos aspectos, como bajos niveles de consumo y falta de acceso a la educación y a servicios básicos de infraestructura.

    Tomado de: https://www.elnuevodia.com/noticias/mundo/nota/el46delapoblacionmundialviveconmenos550diarios-2453532/

  • Seis cosas que podemos hacer para evitar una catástrofe climática

    Seis cosas que podemos hacer para evitar una catástrofe climática

    La ONU advirtió sobre las dimensiones del cambio climático, pero también destacó que aún es posible evitar sus peores consecuencias. Esto requiere de voluntad política, pero hay algunas cosas que podemos hacer nosotros.

    Desde épocas preindustriales hasta la actualidad hemos calentado la Tierra en 1 grado, con consecuencias nefastas: el nivel de los mares sube, los corales de arrecife mueren, diversas especies animales se extinguen y cada vez hay más fenómenos meteorológicos extremos.

    Un nuevo reporte del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) describe cómo sería el mundo si la temperatura global aumentara 2 grados: sería terrible. Por eso, les proponemos seis acciones concretas para contribuir a detener el cambio climático.

    1. Cambie de proveedor energético

    La mayoría de los gases invernadero en la atmósfera provienen de la combustión de carbón, aceite y gas natural. Una quinta parte de las emisiones de CO2 en Alemania proviene del carbón o lignito. Sería fundamental entonces reemplazar combustibles fósiles por energías renovables. Opte por un proveedor que ofrezca electricidad obtenida a través de energía eólica, hidráulica o bioenergía.

    2. Coma menos carne

    La manera más simple reducir tu impacto en el medio ambiente es evitar consumir carne y productos lácteos, sugiere un estudio publicado en la revista Science. Según un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) el 14,5 por ciento de todas las emisiones de gases invernadero causadas por el ser humano provienen del sector animal, gran parte de la producción vacuna y láctea. Esto es más de lo que emiten autos, barcos y aviones en todo el mundo.

    3. Desperdicie menos comida

    Una cuarta parte de las emisiones de gases invernadero es causada por la agricultura, es decir, el proceso de producción de alimentos. Pero la tercera parte de toda la comida en el planeta termina en la basura. Según la ONU, el desperdicio de comida se traduce en 3,3 mil millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2), lo que es más de las emisiones anuales de la India. Así que compremos solamente lo que realmente vayamos a comer.

    4. Viaje en tren y no en avión

    Se estima que las emisiones de los aviones conforman más del 2 por ciento de la totalidad de emisiones de CO2, pero también otros gases emitidos por los aviones contribuyen a aumentar el calentamiento global. Un ciudadano europeo promedio emite unos 900 kilogramos de CO2 por año. Para tener una idea: un viaje de ida y vuelta en avión significa de 700 a 2.800 kilogramos de CO2, según la distancia recorrida.

    5. Consuma menos

    La mayoría de los países gastan todos los años más recursos naturales de los que el planeta puede volver a generar en ese tiempo. Si mantenemos nuestro nivel actual de consumo en Alemania, necesitaríamos todos los años 1,7 planetas más para restablecer el equilibrio ecológico. Los países con los mayores ingresos son también los que consumen más recursos. ¿Realmente necesitamos ese nuevo celular o ese vestido rebajado? La mejor manera de reducir nuestra huella ambiental es consumir menos, reciclar, comprar productos sostenibles y volver a usar todo una y otra vez.

    6. Participe en acciones colectivas

    Muchos están convencidos de que lo mejor que puede hacer cada individuo es crear grupos y acciones conjuntas. El cambio climático adquirió tal dimensión que ya no alcanza con cambiar nuestro estilo de alimentación y hábitos de consumo individuales. La gente debería sumarse a grandes movimientos de mucho alcance, para así poder lograr un cambio real.

    Tomado de: https://www.semana.com/vida-moderna/articulo/seis-cosas-necesarias-para-evitar-una-catastrofe-climatica/586989