Categoría: Mensaje Diario

  • Las enseñanzas de las religiones

    Las enseñanzas de las religiones

    Para profundizar el hábito de la espiritualidad podemos aprender de las grandes religiones:

    De los hindúes, que podemos vivir en comunión con Dios a través de la meditación, y que Dios expresa su unidad infinita con nosotros a través de la naturaleza.

    De los islámicos, que debemos guardar diariamente, en nuestro corazón y cotidianidad, un espacio para Dios, que es el único, no los dioses de la sociedad moderna: el consumo, las redes y el entretenimiento.

    De los protestantes, a entender a Jesús como un hombre con debilidades, que predicaba en las casas, no en los templos, y cuya sencillez y humildad eran su emblema.

    De los budistas, que todo lo que tiene un comienzo, tiene un fin, y que los deseos incontenibles son la causa de nuestro sufrimiento. Aprender a vivir más allá del bien y del mal, de ideologías, de los valores de cada cultura. La eternidad del presente.

    De los católicos, que Jesús vive en nuestros corazones para construir un mundo más social e igualitario.

    La relación con Dios solo ocurre en el camino de la espiritualidad. No puede uno encontrarse con él por vía de la racionalidad sino por la fe. Es Dios la fuente y la unidad de la vida.

  • Entusiasmo en el presente

    Entusiasmo en el presente

    El único lugar en que podemos experimentar la felicidad es en el presente. Es el presente una oportunidad diaria para ejercer los talentos, pensar con optimismo y experimentar emociones positivas. En el presente podemos vivir el entusiasmo, que nace de la comunión con todo y tiene la potestad de propagar la felicidad. Es el entusiasmo el ánimo del espíritu,  una llama en el corazón, la antorcha en el camino.

  • Amar sin ego y sin apego

    Amar sin ego y sin apego

    Para amar a plenitud el ego debe ser extirpado de nuestros corazones. El ego separa, aleja, y hace aparecer la discordia.  El amor significa la renuncia al ego para perseguir la felicidad general. Por tanto, al decir de Pablo de Tarso «El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.» 1 Corintios 13,4-7.

    El amor primordial es el corazón de una vida que se realiza en la felicidad. Por tanto, debería ser  el motor de todas las búsquedas, y el origen de nuestras grandes obras humanas. Es el amor la vocación natural de quienes han alcanzado el estado de gracia. Si en nuestro corazón pudiera habitar esta maravillosa dimensión del amor, podría ser más fácil el amor particular a nuestra familia, hijos y pareja. Pero el ego y el apego nos hacen experimentar al otro como una cosa que es propia, y la dimensión amplia y trascendental del amor se nubla en conductas que no dejan crecer a los otros ni a nosotros mismos. Juremos amar siempre sin ego y sin apego

  • El cuidado de si mismo

    El cuidado de si mismo

    El cuidado de sí mismo abarca cuatro aspectos: cuidar los pensamientos, puesto que la salud mental depende de nuestra vocación para pensar el presente con optimismo y gratitud, el futuro con esperanza y el pasado con perdón y reconciliación. El segundo aspecto es cuidar las emociones, que son la sal de la vida, y que se alimentan de pensamientos y experiencias positivas. El tercero, cuidar la salud física, puesto que somos seres de carne y hueso: “mente sana en cuerpo sano”, decía Juvenal. Finalmente, cuidar el bienestar financiero, porque bien nos recordaba Aristóteles que la riqueza es un complemento de la felicidad.