Sentimos la emoción del desagrado, cuando no alcanzamos nuestro objeto de deseo, por ejemplo culminar un curso, que nos den la razón, u obtener un aparato tecnológico. El antídoto
espiritual al desagrado consiste en observar la frustración y disgusto que nos provoca esta emoción. El antídoto racional será analizar nuestro apego al objeto de deseo no alcanzado y si este
realmente era parte de nuestras prioridades. Podemos usar el antídoto emocional oponiendo la emoción contraria al desagrado: la gratitud con Dios y con la vida por el solo hecho de estar vivos.
Ante el desagrado, observación, análisis de nuestro apego y gratitud con la vida.

