La justicia es la posibilidad de acceder, en condiciones de igualdad, a la plena satisfacción de las necesidades materiales y espirituales. Una nación injusta es por tanto una nación desigual en que sus habitantes no encuentran la plena satisfacción de sus mínimas necesidades humanas. El mundo sería más feliz si la igualdad, la riqueza material y a la trascendencia que nos dan los bienes inmateriales pudieran ser una posibilidad real. La vida en comunidad nos pide vivir como hermanos, andando los caminos tomados de las manos, solidarizados para alcanzar un mundo de paz y justicia. El poeta brasileño Carlos Drummond de Andrade, así nos convoca:
“No seré el poeta de un mundo caduco.
Tampoco cantaré al mundo futuro.
Estoy atado a la vida y oigo a mis compañeros.
Entre ellos, considero la enorme realidad.
El presente es tan grande, no nos separemos.
No nos separemos mucho, vamos unidos por las manos”.
Es la justicia un ideal perenne de los hombres en sociedad, pero un ideal delicado que se construye en cada encuentro con el otro. Quitar al otro la posibilidad de acceder a los bienes de la vida es tratarlo injustamente. La justicia semeja un formidable barco de remos que sólo avanza si todos juntos actuamos con igualdad y libertad responsable. La justicia no es una idea exclusiva de los Estados, es un deber de actuación de cada uno con sus hermanos, lo que hace inmensa nuestra responsabilidad en elegir buenos dirigentes y en quienes tienen vocación de líderes, la responsabilidad de seguir buenas causas. Por eso resulta terrible para la comunidad la elección de un capitán del barco que no tenga talento o voluntad para alcanzar la felicidad general, sino torpeza o egoísmo en su corazón. El barco en estas condiciones naufragará y la realidad triste de los viajantes será la pobreza, la exclusión y la dependencia. La justicia es el eje de la democracia. Es un deber de todos elegir con sabiduría a los dirigentes de la comunidad, lo que solo se consigue con el conocimiento profundo de su historia y sus logros. Y quien desea ser un líder, en su corazón debe latir siempre el interés general.
En una nación con injusticias los corazones viven enfrentados en el terreno de las luchas. El resentimiento finalmente hace nacer la violencia y el barco de remos se extraviará en el naufragio de la desesperanza y la pobreza. Actuar con justicia es ejercer, en un tiempo que nos ha dado la vida, la oportunidad de que podamos hacer crecer a nuestra comunidad en el sendero de la igualdad, la convivencia y la felicidad.
El ideal de un mundo mejor se alimenta de vivir a diario una misión de ayuda a los demás. Este ideal es la más noble de las aspiraciones en comunidad porque exige renunciar a sí mismo para darse a la felicidad general. Son testigos de este propósito los héroes que sacrificaron una vida cómoda para perseguir la libertad, la justicia y la paz. Jesús, Buda, Luther King y Bolívar aún nos lo recuerdan. Imítalos y lucha por una sociedad mejor ayudando a los demás.

