El pensamiento optimista

Asumir la realidad que aparece ante nosotros es un reto diario de libertad, para saber elegir si la observamos con una de dos actitudes: la optimista o la pesimista. De la forma en que escojamos ver la realidad dependerá el estado de nuestras emociones para producir en nosotros alegría y amor, o tristeza, ira, miedo o dolor.

El optimismo es la mejor cualidad que podemos elegir para interpretar la realidad, porque abre el horizonte de buscar lo bueno, ver lo bello en cada cosa del mundo, y experimentar el goce de vivir.

El optimismo es esencialmente creativo, en medio de las grandes dificultades, como un duendecito encuentra soluciones a los problemas.

Es tremendamente contagioso: quien está al lado de una persona optimista encuentra un refresco a las penurias que a veces vive, porque el optimismo es esencialmente hermano de la alegría, hijo de la felicidad.

Tiene el optimismo el poder curativo de hacer olvidar las penas, de racionalizar las derrotas y levantar de nuevo el alma.


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