El perdón es la llave para liberarnos del pasado y experimentar a plenitud el presente. Sin embargo, el perdón implica la faceta difícil de extinguir el hábito de albergar odio, rencor o culpa en nuestros corazones. Empieza con la cesación del nocivo hábito de juzgar a los demás y sustituirlo por el hábito de convertirnos en testigos silenciosos del presente. El hábito del perdón nos invita a ver a quienes nos hicieron daño como hijos de Dios, quienes por su nivel de conciencia, como testificó Jesús, no sabían lo que hacían. Michel Bachelet perdonó a los asesinos de su padre en la dictadura de Pinochet y Nelson Mandela pudo perdonar veintisiete años de encierro y vejaciones para emprender un camino de reconstrucción social con todos. El perdón es un hábito virtuoso que nace en condiciones adecuadas y que nos corresponde a todos construir. Felices y libres quienes pueden expresar de corazón su sincero perdón a los demás por el dolor padecido. El hábito del perdón nos libera, produce sanación espiritual y nos otorga la paz interior que finalmente abre la puerta a la felicidad.
El perdón que nos libera

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