Vivía en el cielo, junto a Dios, y fue llamado a venir a la tierra a dar testimonio de la existencia de Dios. Una vez aceptado este llamado, fue acompañado por la guía del espíritu santo, quien le dotaría de sabiduría y el poder de hacer milagros para enfrentar el camino. Tuvo que atravesar un primer umbral consistente en la persecución de Herodes, ante la profecía de un mesías que rivalizaría con el poder humano.
Durante su recorrido en la tierra, también superó difíciles pruebas, como la reticencia a creer en su palabra y las persecuciones contra sus discípulos. A pesar de la persecución logró dejar una lección de amor por los demás y sacrificio personal por una sociedad más justa. Padeció la traición de uno de sus discípulos, que le llevaría a un proceso cruel de vejaciones, juicio sumario y finalmente de crucifixión. Perdonó a quienes le hicieron esto, y al tercer día después de morir, resucitó de entre los muertos, mostrándose en el camino de Emaús a algunos discípulos, quienes continuaron su obra.
Una vez cumplida la misión en la tierra, regresó al lugar de origen, junto a su padre, y desde entonces los cristianos conmemoran el sacrificio de amor y justicia que dejó como lección esta historia de Jesús.

