Nacemos con un proyecto de vida por el cual aspiramos a conquistar la felicidad. En ocasiones este proyecto de vida está unido a migrar a otra nación, por decisión propia o por circunstancias traumáticas, como las guerras que los países no logran superar.
Pero la integración entre los seres humanos es el motor actual de la civilización, que estimula el libre intercambio, la cultura y la tolerancia.
El mundo es una larga historia de migraciones, desde los glaciares hasta nuestros días, que nos llevaron por los caminos de la agricultura y la recolección, pasando por la industrialización, hasta la actual sociedad de la información. Negarnos a la migración significa entonces denigrar de nuestro esforzado pasado.
Agitar la xenofobia entre las personas es incitar a la debacle de la civilización, porque nos separa en nuestra mirada fundamental: la fraternidad.
La xenofobia denota miedo, es decir, la emoción que se experimenta ante la amenaza imaginaria o real de perder un objeto de deseo. “América para los americanos” era un viejo eslogan que cumplió su ciclo de caducidad ante la nueva consigna el mundo para el mundo.

