El mundo actual se ha convertido en un reto diario de asumir distintas y numerosas tareas en un solo día. El exceso de actividad hace ruido en nuestro corazón y agita la ansiedad y el estrés.
El reto de asegurar la subsistencia nuestra y la de la familia, hace que mucha gente termine dedicando mucho tiempo al trabajo y menos a la familia. Es recurrente que al momento de morir no decimos “hubiera querido tener más tiempo en el trabajo”, sino más tiempo con mi familia.
Entregarse a las tareas del mundo tal como llegan éstas, sin estar conscientes de nuestras auténticas búsquedas, nos sitúa en el riesgo de perdernos a nosotros mismos y perder el sentido de la vida. El consumismo global también constituye un distractor que nos aleja de lo que realmente necesitamos, y nos impide disfrutar plenamente del presente.
Es entonces esencial que nos habituemos a priorizar nuestras metas para el largo plazo, el mediano y el día a día. Pero debemos priorizar lo importante según nuestras verdaderas necesidades y búsquedas porque nuestras prioridades tienen que ver con lo que realmente amamos hacer. Empecemos cada día con un poco de lo que auténticamente amamos hacer. Una anécdota que circula en internet, de autor desconocido, enseña:
Un experto asesor de empresas en Gestión del Tiempo quiso sorprender a los asistentes a su conferencia. Sacó de debajo del escritorio un frasco grande de boca ancha. Lo colocó sobre la mesa, junto a una bandeja con piedras del tamaño de un puño y preguntó:
«¿Cuántas piedras piensan que caben en el frasco? «
Después de que los asistentes hicieran sus conjeturas, empezó a meter piedras hasta que llenó el frasco. Luego preguntó: «¿Está lleno?»
Todo el mundo lo miró y asintió.
Entonces sacó de debajo de la mesa un cubo con gravilla. Metió parte de la gravilla en el frasco y lo agitó. Las piedrecillas penetraron por los espacios que dejaban las piedras grandes. El experto sonrió con ironía y repitió la pregunta: «¿Está lleno?»
Esta vez los oyentes dudaron: «Tal vez no», contestaron.
«Bien!» -y puso en la mesa un cubo con arena que comenzo a volcar en el frasco-. La arena se filtraba en los pequeños recovecos que dejaban las piedras y la grava.
«¿Está lleno?» preguntó de nuevo. «¡No!» – exclamaron los asistentes.
» Bien» – dijo, y tomó una jarra de agua de un litro que comenzó a verter en el frasco.
El frasco aún no rebosaba. «Bueno. ¿Qué hemos demostrado?» preguntó.
Un alumno respondió: «Que no importa lo llena que esté la agenda; si lo intentas, siempre puedes hacer muchas mas cosas».
«¡No!» – concluyó el experto, lo que esta lección nos enseña es que si no colocas las piedras grandes primero, nunca podrás colocarlas después.
«¿Cuáles son las grandes piedras en la vida?
Recuerda: ponlas primero. El resto ya encontrará su lugar.
Empieza con tus búsquedas primordiales, aquellas que están en consonancia con tu ser, porque se orientan a tus auténticos deseos. Así encontrarás sentido en tu día, se mejorará la dirección de tus metas y ya no te perderás en el activismo y el estrés. Alcanzarás sosiego para tu vida.
Fija en tu corazón las grandes metas para tu vida, y empieza ya.

