Aceptación de la realidad

Una persona espiritual experimenta la realidad que transcurre ante su vida con plena aceptación, sin reproches o quejas. No pretende controlar la realidad porque esta se esparce libremente sobre la vida a través de las acciones de sus semejantes o de la naturaleza. Lo que puede hacer es intervenir en ella para promover las condiciones de felicidad y bienestar de sí mismo o de la sociedad, tal como hizo Mahatma Gandhi, quien promovió la liberación del pueblo de la India, mediante una paciente revolución sin violencia, con prolongados ayunos y la formidable marcha de la sal.

La realidad trae lágrimas y sonrisas que debemos aceptar con serenidad en la época que nos ha correspondido vivir. Los apegos a las personas o a las cosas impiden la aceptación de la realidad porque son máscaras de ilusión, que prolongan nuestro dolor y no nos permiten vivir. Anunciaba el poeta Antonio Machado: “Todo pasa y todo queda, y lo nuestro es pasar haciendo caminos sobre la mar”.

La realidad discurre tal como debiera ser pero nos reta constantemente a realizar profundos aprendizajes sobre las consecuencias de nuestras elecciones, tomar responsabilidad por nuestras vidas y estar dispuestos al cambio en singulares caminos evolutivos.

Una persona espiritual entiende que todo lo que le ocurre tiene un sentido, y que las coincidencias que le acaecen son las palabras con que Dios se le manifiesta para invitarle a transitar aquellos caminos que le conducirán a sus auténticas búsquedas.   


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