Una persona espiritual es bondadosa cuando puede darse a sí misma con el desinterés de los místicos y la afectividad de una madre. Presta atención y escucha pacientemente a los demás, porque así puede ayudar mejor a quien sólo necesita abrir su corazón. Confía en los demás porque la pureza de su humanidad no retiene, no recela, no calcula. El otro es su semejante con quien comparte y celebra la experiencia de la eternidad en el presente. El poeta Walt Whitman decía:
“Me celebro y me canto a mí mismo.
Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti,
porque lo que yo tengo lo tienes tú
y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también.”
Una persona espiritual sabe que realiza un breve viaje en la tierra, en la que será causa y efecto de sus propias acciones: la causa de todo lo bueno que pueda hacer y el efecto bondadoso que recibirá de la vida. En el hinduismo a esto se le llama el karma, y las buenas acciones se traducen en un nivel superior de la conciencia en un nuevo viaje por la vida.

