Autor: Daniel

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    Resiliencia

    Resiliencia es la capacidad de levantarte cuando has caído.

     

  • 16 y 70 años: las dos edades a las que la gente es más feliz

    16 y 70 años: las dos edades a las que la gente es más feliz

    16 y 70 años: las dos edades a las que la gente es

    más feliz

    Un estudio identificó que hay dos momentos en la vida en que un individuo experimenta la mayor satisfacción con la vida. Estas son las razones.

    ¿Qué tienen en común Mackenzie Foy, la actriz de la película Interstellar, y el aclamado actor Robert de Niro? Aparentemente que ambos son celebridades, pero en realidad lo que más los une es que ambos se encuentran en las edades en que el ser humano es más feliz. De acuerdo con un estudio hecho por Resolution Foundation, un tanque de pensamiento del Reino Unido, los niveles de felicidad alcanzan un máximo a estas edades. Por lo tanto, tener 17 como Foy y 70 como De Niro, los convierte en individuos satisfechos con la vida.

    El estudio fue hecho con datos de la Oficina Nacional de Estadística de ese país durante siete años en los cuales los británicos calificaron de 1 a 10 su satisfacción con la vida, su felicidad y nivel de ansiedad.  El análisis mostró que la felicidad tiene forma de U, y va declinando de los 17 hasta los 50. La mala noticia, entonces, es que a partir de los 17 años es una cuesta abajo en términos de felicidad, pero la buena es que a partir de los 50 las cosas empiezan a mejorar hasta los 70 cuando  llega a su máximo. Entre los 17 y los 50, sin embargo, las cosas no son color de rosa.

    No es la primera vez que este tipo de hallazgo sale a flote en una investigación. Un estudio hecho en 2014 por Hannes Schwandt, entonces un economista vinculado a la Universidad de Princeton que hacía una pasantía en el London School of Economics, encontró que la felicidad tenía forma de U y en términos generales los mejores momentos de la vida eran los 16 y los 70 años. La explicación de su hallazgo es sencilla: a la edad de Foy la gente sobreestima la satisfacción futura debido a que tiene expectativas muy altas y poco realistas de la vida. Pero a medida que pasan los años, los jóvenes se dan cuenta de que muchos de sus sueños son inalcanzables –o simplemente de que la vida no es el lecho de rosas que se imaginaban– y ese optimismo decae lentamente hasta llegar a un punto muy bajo. De hecho, Schwandt encontró que la edad donde se alcanza la mayor insatisfacción es entre los 40 y los 50 años, “porque estos adultos llevan el peso de las aspiraciones no realizadas y soñadas en sus años jóvenes”, dijo el experto a SEMANA.

    Sin embargo, en la medida en que la gente se acerca a la tercera edad, empieza a liberarse del peso de sus frustraciones y acepta la vida tal y como la vivió. Por ello cuando llegan a los 69 años están tan satisfechos como a los 23. Según el estudio de Schwandt, los jóvenes de 20 años sobrestiman la satisfacción en un 10 por ciento y los adultos de 69, en un 4,5 por ciento. El aumento de satisfacción al final de la vida, según explica el experto, se da porque la gente cree que la vejez va a ser peor de lo que realmente es.

    El mismo patrón de la U se ha visto incluso en estudios en los que se analiza la edad con diferentes factores como el riesgo de suicidio, el uso de antidepresivos o la satisfacción con la carrera. En estos casos también el punto más bajo se presenta entre los 45 y los 50 años. Pero después de este momento, las cosas mejoran tal vez  porque luego de tantos fracasos, humillaciones y frustraciones la gente aprende a no esperar mucho de la vida. Para sorpresa de todos, el bienestar aumenta, lo que deja a la gente a los 69 años otra vez muy satisfecha porque las cosas resultaron mejor de lo presupuestado.

    Alexander Weiss, un psicólogo de la Universidad de Edimburgo, sostiene que este patrón podría tener un origen biológico y por consiguiente ocurriría en todo el mundo, e incluso en otras especies animales. Para probarlo diseñó un estudio con orangutanes y encontró que ellos son más felices al final de la vida y que, al igual que los humanos, entran en una crisis entre los 28 y 30 años, el equivalente a la edad mediana en ellos.

    Es posible que el cerebro de las personas esté diseñado para sentir mucho optimismo en la juventud y para no sentir tanto remordimiento durante la vejez. Un estudio hecho por Stefanie Brassen, de la Universidad de Hamburgo, así lo confirmó. La experta analizó un grupo de 20 jóvenes y los comparó con otro compuesto por igual número de viejos. 

    Encontró diferencias abismales en los escáneres de cerebro de cada grupo de edad, que llevan a pensar que los jóvenes tienden a mirar las oportunidades fallidas y las pérdidas con arrepentimiento y dolor, mientras que los viejos no. Brassen concluyó que el control de esos sentimientos de culpa en la tercera edad sería un mecanismo de defensa para mantener cierto nivel de felicidad en dicha etapa de la vida.

    A pesar de lo anterior, Schwandt considera que el fenómeno de la U debe ser multicausal y el factor biológico es importante pero no lo explica todo. En efecto, Weiss cree que estos resultados pueden deberse a que la gente deprimida y triste tiende a morir más joven, de modo que la población de la tercera edad estaría integrada solo por viejos saludables y felices.

    También es posible que la vida sea un aprendizaje y que a los 69 años la gente ya sepa reconocer qué cosas están bajo su control y cuáles no. En ese sentido, desconectarse del remordimiento es una estrategia protectora en los viejos, quienes tienen menos tiempo y oportunidades para cambiar el curso de su existencia. Esta realidad evitaría que se frustren y depriman por situaciones que ya no pueden modificar. En contraste, los jóvenes tienen la vida por delante y suficiente margen de maniobra para tomar otro rumbo las suyas.

    En ese sentido, este patrón vital en forma de U es beneficioso. “Es bueno que los jóvenes sean optimistas y que los viejos no tengan altas expectativas”, dice Schwandt. Sin embargo, este tipo de trabajos sí podría ayudar a cambiar la situación de los que están en el medio, es decir los cuarentones y cincuentones que cargan con el peso de la frustración de todo el ciclo vital. “Tienen que entender que la vida que les espera no es tan mala”, dice Schwandt.

  • Lecciones para la vida de un Navy Seal

    Lecciones para la vida de un Navy Seal

    Lecciones para la vida de un Navy Seal

    William H. McRaven, un miembro del grupo élite de la marina de Estados Unidos, el mismo grupo que dio de baja a Bin Laden y capturó a Sadam Hussein, escribió un libro sobre los 10 consejos más relevantes que aprendió en su entrenamiento y que son fundamentales para tener éxito. El primero, curiosamente, es tender la cama. Aquí le explicamos por qué.

    Los Navy Seals son un grupo élite de la Marina de los Estados Unidos que tiene las misiones más difíciles contra terroristas, dictadores y criminales en zonas peligrosas del mundo. Osama Ben Laden y Sadam Hussein cayeron gracias a ellos. Son verdaderos superhéroes y para ser parte de este exclusivo club hay que pasar por un entrenamiento que muchos consideran inhumano. William McRaven, hizo parte de ellos, y por su labor allí la Universidad de Texas lo invitó para dar el discurso de graduación del 21 de mayo de 2014. El veterano preparó un texto con las diez lecciones que le había dejado el entrenamiento como hombre rana, un apodo con el que se les conoce. Luego de leerlo, el público lo ovacionó y con el tiempo, mucha gente lo detuvo en la calle para decirle que algunas de esas lecciones les habían cambiado la vida. Fue en ese momento en que decidió escribir un libro con esas enseñanzas bajo el título Tiende tu cama y otros pequeños hábitos que cambiarán tu vida y el mundo. SEMANA recoge algunas de ellas.

    1. Tiende tu cama:  Muchos no entienden cómo este hábito puede cambiar la vida de las personas. Para McRaven no solo es importante, sino que es el primer consejo de su lista.  Cuando capturó a Sadam Hussein en diciembre de 2003 y lo mantuvieron en una pequeña habitación, notó que no tendía su cama. “Las cobijas siempre estaban arrugadas a los pies del catre y rara vez parecía interesado en arreglarlas”. Como militar este hecho le llamó la atención puesto que una de las primeras tareas de su entrenamiento era hacer la cama, un proceso que era supervisado a diario por sus superiores. Para él, tender la cama tenía un sentido más profundo que el simple orden: era lo único que tenía bajo control en un día. En momentos de guerra, explica el autor, la gente muere y hay que buscar consuelo y motivación para iniciar la jornada y hacer la cama fue una fuente de orgullo para él en medio de circunstancias difíciles. La vida diaria necesita ese mismo sentimiento de estructura. El simple hecho de hacer la cama puede darte el impulso que necesitas para comenzar y proporcionarte la satisfacción necesaria para darle un final adecuado a tu día”.

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    2. No podrás lograrlo solo: Desde el comienzo del entrenamiento, McRaven entendió que el trabajo en equipo es crucial para triunfar, pero para eso hay que aliarse con las personas adecuadas, o como él lo dice “encontrar a alguien que te ayude a remar” para así lograr superar las tareas difíciles. Eso lo experimentó en una de las pruebas cuando debió remar en una balsa de goma con un grupo de Marines en medio de un fuerte oleaje. El cansancio pronto se apoderó del grupo. A veces unos remaban más que los otros, a veces unos debían darles más raciones de comida a los compañeros más débiles. Esa pequeña balsa de goma nos hizo darnos cuenta de que ninguno podía completar el entrenamiento sin ayuda, que ningún Seal podría sobrevivir la batalla por sí solo y que en tu vida necesitas a gente que te apoye en los momentos difíciles”.
    3. La vida no es justa: pero hay que seguir adelante. McRaven conoció a un superior llamado Philip Martin, considerado por su grupo como un ejemplo a seguir por su tenacidad y fuerza. Más tarde Martin tuvo un accidente que lo dejó postrado en una silla de ruedas de por vida. Lo que llamó la atención del autor es que el personaje nunca se quejó de su condición, ni mostró autocompasión ni se preguntó ¿por qué yo? Simplemente siguió adelante con su vida. La historia de este Navy Seal fue una enseñanza para nunca responsabilizar a nadie de las cosas que le tocó vivir ni pensar que el destino estaba en su contra. “Personas extraordinarias como Nelson Mandela, Stephen Hawking y Malala Yousafzai se han definido por la manera como afrontan las injusticias de la vida. No te quejes. No culpes a tu mala suerte. Párate derecho, mira hacia el futuro y ¡Sigue adelante!”.

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    4. El fracaso fortalece: uno de los entrenamientos Seal consiste en nadar en medio del oleaje intenso. McRaven y su compañero de nado, sin embargo, llegaban siempre de últimos en estas pruebas, y ese fracaso les ocasionó un duro castigo: una hora más de calistenia antes de hacer el entrenamiento. El castigo no tenía otra intención que agotarlos. Pero con el tiempo McRaven notó que los ejercicios antes del entrenamiento fortalecían sus músculos y lo hacía rendir más a la hora de nadar. Eso le ayudó a ganar posiciones hasta convertirse en el primero en llegar en este tipo de competencias. Desde ese momento cree que el fracaso sirve para fortalecer la mente y el espíritu. Aunque hubiera podido retirarse del grupo prefirió demostrar que podía ser mejor. Nadie es inmune a los errores”, dice. “Los verdaderos líderes aprenden de sus fracasos, y utilizan esas lecciones para motivarse a sí mismos”.
    5. Nunca te des por vencido: Durante el primer entrenamiento Seal, a los Marines les enseñan una campana de bronce que está a la vista de todos los reclutas. Solo la pueden tocar cuando sientan que no pueden o no desean continuar con el entrenamiento. “Toquen la campana y podrán evitarse todo este castigo”, les dijo el instructor, y agregó enseguida: “si se rinden se arrepentirán de ello por el resto de sus vidas. Rendirse jamás facilita nada”. Algunos tocaron la campana durante el entrenamiento Seal. Hoy McRaven siente que ese fue el más grande aprendizaje que recibió en toda su carrera como militar. Nunca te rindas. No suena particularmente profundo, pero la vida constantemente te pone en situaciones en las que doblegarse parece mil veces más fácil que seguir adelante”. McRaven piensa que aquellos que tocan la campana tendrán vidas largas y difíciles. Pero si, por el contrario, un individuo se niega a renunciar a sus sueños y se mantiene fuerte y tenaz frente a la adversidad, “la vida se convertirá en aquello que  decida”.