Autor: James

  • La Fe

    Tienes fe en ti mismo? La tienes en los demás? Tenerse fe es creer en sí mismo, es poseer la certeza de que el mayor poder nace de uno, que somos arquitectos del propio destino, y que con nuestros actos podemos alcanzar los sueños. Sin embargo, a menudo nos da temor el creer en nosotros mismos, desvaloramos nuestra capacidad de triunfar y pensamos: “ellos sí, pero yo no”. En ocasiones, tiende a convertirse en deporte nacional desvalorar las hazañas del prójimo: “es que él tiene plata, es que la suerte está con él; claro, mire que está en la rosca…”

    Son muchísimas las historias heróicas que nos enseñan como la fuerza de creer en sí mismo pudo conquistar el sueño. En el libro “Napoleón Hill «La Actitud Mental Positiva, Un Camino Hacia el Éxito”, narra una de esas historias así:

    “Tom Dempsey; un muchacho de Virginia, nació sin pié derecho y con solo un muñón por brazo derecho. De niño hubiera querido practicar actividades deportivas como los demás muchachos. Sentía un ardiente deseo de jugar al fútbol americano y creía que podía hacerlo. Como consecuencia de este deseo, sus padres le mandaron a hacer un pie artificial  de madera, que fue acoplado a una bota especial de fútbol. Hora tras hora, día tras día, Tom hacía prácticas, dándole al balón con su pie de madera. Intentaba una y otra vez efectuar tiros libres a distancia cada vez mayores. Llegó a ser tan hábil que fue contratado por el equipo de los Santos de Nueva Orleáns.

    Un día los gritos de 66.910 aficionados pudieron escucharse en todos los Estados Unidos cuando en los dos últimos segundos del partido, Tom con su pierna tullida, batió un record efectuando un tiro libre a 60 metros de distancia. Ello le permitió a los Santos ganar 19 a 17 a los Leones de Deroit”.

    Tom tenía fe en sí mismo, pero practicó mucho para demostrar con sus hechos su fe. “Así también la fe, sino tiene obras, es de suyo muerta”, dijo el apóstol Santiago.

    Creamos en nosotros mismos pero también en los demás; cree en el hermano, cree en el otro.

    Cree y moverás el mundo

  • George Eliot o Mary Ann Evans

    Un 22 de diciembre de 1880, en Londres fallecería George Eliot, seudónimo utilizado por la escritora británica Mary Anne Evans.

    Nació en 1819 en el seno de una sociedad en que las escritoras creaban prosa y poesía romántica para mujeres, pero Mary Anne Evans, en contravía de esa costumbre de época, decidió seguir su llamado interior para escribir en el marco del realismo psicológico y social, lo que le llevó a elegir como seudónimo un nombre masculino.

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    En 1858, Charles Dickens le hizo saber a la escritora que sospechaba que el autor de los escritos de Eliot, no fueran los de un hombre, puesto que “… creía que ningún hombre ha tenido hasta ahora el arte de hacerse a sí mismo, mentalmente, tan como una mujer, desde el inicio del tiempo….”

    Una frase célebre de Eliot, fue la siguiente:

    “Hay muchas personas que adquieren la costumbre de ser infelices.”

    La felicidad es una experiencia personal, que sólo se adquiere mediante ciertos hábitos, el primero de ellos el de vivir conforme a nuestros auténticos deseos. Es un hábito que requiere valentía para enfrentar las tendencias de la época en que se vive, tal como ocurrió con Mary Anne Evans.

  • El solsticio de invierno.

    El 21 de diciembre es el día del solsticio de invierno, o del sol quieto, con la noche más larga y el día más corto del año. Desde hoy los días son más duraderos, lo que ha significado para las diferentes culturas de la humanidad el día del triunfo de la luz, celebrándose con rituales y hogueras desde los tiempos pre romanos.

    La Iglesia Católica, ante el antiguo paganismo de la festividad del solsticio de invierno, que se denominaba sol invictus, decidió fijar en la fecha del 25 de diciembre el nacimiento de Jesús, que simboliza el renacer de la luz y la esperanza para el mundo.
    Los pueblos indígenas andinos celebran el Inty Raimi,o Fiesta del Sol, desde los tiempos prehispánicos, y han mantenido esta celebración a pesar de la prohibición impuesta en 1572 por el virrey español Francisco Álvarez de Toledo.

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    El Maharishi Maesh Yogui, gurú religioso de la India,  logró en el siglo XX difundir en occidente la técnica de la meditación trascendental, por la cual el participante sigue en su mente un sonido o mantra, durante 20 minutos  en la mañana y en la tarde, alcanzando niveles de relajación profundos, que han sido objeto de estudios y publicaciones científicas. Este pensamiento considera que en el momento más profundo de la meditación, la mente despliega su potencial de una consciencia limitada, a una consciencia trascendental, la consciencia de unidad con el todo, donde todas las posibilidades están disponibles para la consciencia de manera natural. Si introducimos un deseo en ese momento profundo, este deseo tenderá a cumplirse. El día del solsticio de invierno se considera ideal para esbozar los deseos que deberán cumplirse en el siguiente año.

    Ante la incesante seducción de la sociedad de consumo  y sus artificiales objetos de deseo, es muy importante que nuestros deseos sean acordes a nuestras auténticas necesidades. El deseo es la raíz de la actividad y felicidad humana. Por eso la primera clave de la felicidad es saber qué desear.

  • Día Internacional del Migrante

    Día Internacional del Migrante[1].
    El migrante es un portador valiente de dignidad inspirado a lograr los sueños de felicidad y futuro para los suyos. Un luchador que no se deja vencer por el pesimismo, y emprende un viaje a otra comunidad, teniendo en su corazón los recuerdos de quienes se separa.
    La historia de la humanidad ha tenido y tiene como eje a las migraciones. Son testigos de ello las migraciones de la prehistoria que permitieron la expansión de la humanidad originaria, las rutas  tribales desde el África hacia Asia hace 70.000 años, la expansión del islam y del imperio bizantino en la edad media, y las migraciones europeas por causa del descubrimiento de América.
    La migración permite desarrollar a las naciones por los lazos de interculturalidad que amplían su visión y sus costumbres.  La migración europea a Norteamérica, desde comienzos del siglo XIX y durante casi un siglo y medio, formó la gran nación que es hoy. El fenómeno migratorio también pone a prueba la tolerancia de las sociedades a la diversidad, la flexibilidad social, y a la solidaridad, pues en muchas ocasiones el migrante ha padecido la desigualdad y la exclusión en su lugar de origen. La migración nos recuerda que la humanidad es una gran familia, la cuenca natural de la felicidad.