Autor: mercadeo

  • La rana y el escorpión.

    La rana y el escorpión.

    Antony de Melo cuenta la historia de una rana y un escorpión, en la que se encontraba una rana sentada a la orilla de un río. De repente se le acercó un escorpión quien le dijo:

    –Amiga rana, puedes ayudarme a cruzar el río?, puedes llevarme e tu espalda…

    –Que te lleve a mi espalda?- contestó la rana- ni pensarlo¡

    ¡Te conozco! Si te llevo a mi espalda, sacarás tu aguijón, me picarás y me matarás. Lo siento, pero no puede ser.

    —No seas tonta —le respondió entonces el escorpión—. ¿No ves que si te pincho con mi aguijón te hundirás en el agua y que yo, como no sé nadar, también me ahogaré?

    Y la rana, después de pensárselo mucho se dijo a sí misma:

    —Si este escorpión me pica a la mitad del río, nos ahogamos los dos. No creo que sea tan tonto como para hacerlo.

    Y entonces, la rana se dirigió al escorpión y le dijo:

    —Mira, escorpión. Lo he estado pensando y te voy a ayudar a cruzar el río.

    El escorpión se colocó sobre la resbaladiza espalda de la rana y empezaron juntos a cruzar el río.

    Cuando habían llegado a la mitad del trayecto, en una zona del río donde había remolinos, el escorpión picó con su aguijón a la rana. De repente la rana sintió un fuerte picotazo y cómo el veneno mortal se extendía por su cuerpo. Y mientras se ahogaba, y veía cómo también con ella se ahogaba el escorpión, pudo sacar las últimas fuerzas que le quedaban para decirle:

    —No entiendo nada… ¿Por qué lo has hecho? Tú también vas a morir.

    Y entonces, el escorpión la miró y le respondió:

    —Lo siento ranita. No he podido evitarlo. No puedo dejar de ser quien soy, ni actuar en contra de mi naturaleza, de mi costumbre y de otra forma distinta a como he aprendido a comportarme.

    Y poco después de decir esto, desaparecieron los dos, el escorpión y la rana, debajo de las aguas del río.

    Nadie puede cambiar a nadie, nacemos con una singularidad, un modo de satisfacer las necesidades primordiales que nos hace distintos, por lo que pretender cambiar al otro es como pedirle a un escorpión que cambie. Por eso el mejor secreto de una relación de pareja duradera o de un matrimonio feliz es la aceptación y comprensión del otro, naturalmente en la medida que el otro no nos produzca daño.

  • Las virtudes del amigo

    Las virtudes del amigo

    El amor de la amistad es sereno porque no se agita con apegos o pasiones sino con la genuina voluntad de aceptación del otro. Es un amor que pone a prueba en nosotros mismos las mejores virtudes:

    Aceptación para entender y comprender al amigo en sus debilidades y en sus fortalezas.
    Solidaridad para intervenir en favor del amigo cuando éste ha caído.
    Sinceridad para decir lo que se piensa.
    Perdón para olvidar las ofensas que a veces se reciben de los amigos.
    Consuelo para acompañar al amigo en el dolor.
    Humildad para recibir su buen consejo.
    Sacrificio para renunciar a nuestras comodidades en favor del amigo.
    Libertad para que el amigo vuele en el cielo de su propia felicidad.

  • El futuro como aliado

    El futuro como aliado

    El árbol que crece en el presente se debe a las raíces del pasado pero mira al cielo del futuro. La vivencia plena del presente puede ser alterada por nuestra preocupación por el futuro. Es muy importante una vida con metas y planeación para lograrlas y ello trae inevitables contingencias en el camino, porque una de las reglas de la vida es que el camino tiene obstáculos. Pero también debemos perseverar en nuestros propósitos y enfrentar los problemas con un optimismo renovado y la esperanza de un porvenir feliz. Al fin y al cabo nacimos para ser felices. El presente debe apuntar su mirada al futuro esperándolo como venturoso y feliz

  • Gozar del presente

    Gozar del presente

    La felicidad se experimenta como un goce, expresión que proviene del latín gaudium, y que significa satisfacción, complacencia, alegría. Este aspecto esencial de la felicidad es el placer que podemos experimentar por la vida, el goce del presente que muchas ideologías religiosas, políticas o sociales nos reprochan.
    Dejamos de experimentar el goce del presente por entregarnos a los deberes de las ideologías. La ideología te dice que sientas culpa por el pasado y preocupación por el futuro, pero no te dice que goces del presente, porque quien vive en el presente es libre de las ataduras que las viejas prácticas sociales imponen y que definen arbitrariamente lo que está emparentado a la vida y a la muerte. Quien vive en el presente toma con sus propias manos la vida entera que acontece y la goza en la experiencia del amor y la unidad con Dios. Gozar del presente no es un acto individualista, es la entrega infinita a la aceptación de la realidad, el amor y la felicidad.