Autor: mercadeo

  • Vivir en el asombro

    Vivir en el asombro

    Quienes están en el presente consideran que todo es hermoso, ven la belleza en todo lo que encuentran y pueden sumergirse en los acontecimientos. Viven en el asombro ante lo que transcurre en sus vidas. Esto es lo les ocurre a los místicos e iluminados, quienes permiten ser absorbidos por la belleza inesperada de la realidad.

    También nosotros podemos vivir en el asombro alejando con decisión lo que nos distrae del presente: el pasado, el futuro, y la adicción a las tecnologías, al trabajo y a los otros. Es una de las tareas más difíciles de realizar para alcanzar la felicidad, porque a ella se oponen las ideologías, las compañías, los medios de comunicación, a quienes les interesa tu adicción y tu servidumbre. 

    Vivir en el asombro es ver la realidad con los ojos de los niños, seres entusiastas que no han cargado sus pensamientos con prejuicios, verdades o ideologías a defender

  • ¿Que es la felicidad?

    ¿Que es la felicidad?

    Siempre en algún momento de nuestra vida nos hemos preguntado por el verdadero significado de la felicidad sintiendo en el corazón que la felicidad es la meta de la existencia, un camino que todos deberíamos andar. Continuamente deseamos felicidad a las personas cercanas que amamos, a quienes parten a tierras lejanas, y a quienes han regresado a casa. Nos preguntamos a nosotros mismos de vez en cuando si en la actualidad somos felices. Y al final de nuestro camino también nos enfrentamos a la pregunta más importante: si tuvimos el valor de conquistar nuestra propia felicidad.

    Cada ser humano se hace una idea particular de cuál será la meta que dará felicidad a su vida y cómo debería ser el viaje a ese destino. La idea de la felicidad varía de persona a persona: en algunas prevalecerá un sentido de vida en el afecto; en otras, un modo de vida que garantice la subsistencia, o la posibilidad de vivir a plenitud la libertad.

    Sin embargo, a pesar de nuestras inclinaciones particulares, por fortuna todos coincidimos en que deseamos ser felices. Y aunque sea difícil ponernos de acuerdo sobre la naturaleza de la felicidad y cómo alcanzarla, todos concordamos en que la felicidad debería ser el estado natural del ser humano. Experimentamos la felicidad como el puerto al que todos debemos arribar, pero también intuimos que la felicidad es un viaje que todos deberíamos vivir.

  • Responsabilidad por la felicidad

    Responsabilidad por la felicidad

    Con frecuencia culpamos a otras personas, a fuerzas extrañas, o a la suerte, de lo bien o mal que la pasamos. Son usuales las siguientes frases “si tú cambiaras, yo sería feliz”, “como no me quieres, no puedo ser feliz”, “tengo tan mala suerte…”, “no he tenido la oportunidad de…” Y la lista parece no terminar. Culpamos a los otros porque así eludimos la responsabilidad personal de ser felices, de ejercer la libertad para construir con nuestras manos la propia felicidad. Poseemos el don precioso de la libertad interior pero sentimos temor de ejercerla. Pasan los años y terminamos sometidos al eficaz poder del miedo. Ser feliz es una decisión personal y valiente que revela hasta qué punto se es verdaderamente libre para elegir los mejores hábitos de vida. La decisión constante de ser feliz es  el emblema de quien es verdaderamente libre.

  • Defender nuestra templanza

    Defender nuestra templanza

    Llegar a desear lo auténtico para nuestras vidas implica pensar, reflexionar bien sobre los buenos objetos de deseo que sean acordes a nuestras auténticas necesidades. Esta reflexión es nublada con frecuencia por el bombardeo de los medios modernos  de información a que estamos expuestos y que tiende a desviar nuestra atención sobre los objetos adecuados del deseo. Para enfrentar con éxito este diario ataque mediático debemos tener siempre presente en nuestra mente a nuestros auténticos objetos de deseo. Una lista de los deseos, un mapa de prosperidad, un símbolo son eficaces ayudas para ganar esta batalla por nuestros sueños.

    También es un peligro a la templanza la manipulación de los medios de información[1]  que busca enfocarnos a objetos falsos del deseo. La propaganda mediática utiliza las cuatro formas de manipulación[2] como son la tentación, la seducción, la provocación y la intimidación para hacernos desear lo que no nos conviene. Una formación personal en la autonomía para decidir sin la intervención ajena es el mejor antídoto para enfrentar esta forma de ataque diario a nuestros auténticos deseos.

    [1] Véase Noam Chomsky. Como nos manipulan los medios de comunicación.[2] Joseph Courtés,  Análisis Semiótico del Discurso. Editorial Gredos. 1990. p. 161.