Categoría: Mensaje Diario

  • Pasado, presente y futuro

    Pasado, presente y futuro

    Podemos experimentar la realidad de nuestro presente desde una adecuada mirada al pasado y una saludable expectativa sobre el futuro. Nuestros pensamientos y emociones actúan de manera simultánea en estas tres dimensiones: el presente, el pasado y el futuro, y en esta interacción se dan todas las posibilidades de experimentar la felicidad.

  • ¿Qué agita a nuestros deseos?

    ¿Qué agita a nuestros deseos?

    Cuando deseamos, lo hacemos porque experimentamos la carencia de algo que no se tiene, una sensación de que estamos incompletos y que nos impulsa a reparar esa carencia. Por esto la vocación natural de nuestros deseos siempre es la de satisfacer necesidades o carencias. Cuando un niño desea comer previamente ha experimentado la necesidad de nutrirse. Esta necesidad lo lleva a desear y por tanto a manifestar su deseo llorando y pataleando. El proceso ocurre porque las necesidades hacen agitara nuestros deseos hacia objetos con los cuales se pretende superar la carencia. Estos objetos de deseo que perseguimos en la vida siempre contienen una promesa de satisfacción y placer, y por tanto de felicidad. El deseo siempre pretende satisfacer una necesidad, y esto nos hace sentir felices.

  • Volver al amor

    Volver al amor

    El amor primordial es el corazón de una vida que se realiza en la felicidad. Por tanto, debería ser el motor de todas las búsquedas, y el origen de nuestras grandes obras humanas. Es el amor la vocación natural de quienes han alcanzado el estado de gracia. Si en nuestro corazón pudiera habitar esta maravillosa dimensión del amor podría ser más fácil el amor particular a nuestra familia, amigos y pareja. Pero el ego y el apego nos hacen experimentar al otro como una cosa que es propia, y la dimensión amplia y trascendental del amor se nubla en conductas que no dejan crecer a los otros ni a nosotros mismos. Para amar a plenitud debe extirparse el ego de nuestros corazones.

    El ego separa, aleja, y hace aparecer la discordia. El apego asfixia, no deja crecer y hace germinar el resentimiento. El amor significa la renuncia al nuestro ego y apego para perseguir la felicidad. Pablo de Tarso, el apóstol de Jesús, nos lo recuerda:

    «El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.»

  • La actividad de no pensar

    La actividad de no pensar

    Es bueno educar los pensamientos sobre el pasado, el presente y el futuro para vivir el estado de la felicidad. Sin embargo, la actividad de no pensar, de alejar la mente de las realidades cotidianas para alcanzar un estado superior de transcendencia es una forma de asegurar la salud mental. La actividad de no pensar puede encauzarse con el poder de la meditación trascendental, la cual consiste en dirigir la atención a un mantra o sonido, durante veinte minutos, dos veces al día, eliminando simultáneamente todo pensamiento o idea que nos pueda alejar del mantra elegido. La meditación no es un estado de concentración mental, es la cesación temporal de la actividad de pensar.