La mayoría de las personas desean que su razón u opinión sea aceptada y reconocida por los demás gracias a una emoción fundamental denominada ego, que les hace sentirse muy importantes o superiores ante los demás.
Pero la razón u opinión ajena es con frecuencia muy distinta a la nuestra, lo que nos impele al reto de tener ánimo crítico frente a los puntos de vista ajenos, en especial cuando versen sobre política, religión o ideologías. Incluso frente a las opiniones sobre las pequeñas cosas de la vida se nos incita a adoptar la opinión ajena. “ese traje no te queda bien, no uses esa herramienta, te ves ridículo haciendo eso”.
La mejor pregunta que puedes hacerte antes de aceptar un punto de vista ajeno es esta: ¿lo que se me propone está en consonancia con mis auténticos deseos y el bienestar de los demás?
Pero si no sabes lo que tu corazón desea, será muy fácil vivir para la opinión de los demás y no bajo la luz de la tuya. Saber lo que se quiere en la vida define nuestra identidad y también nuestra libertad.
Cuando no somos críticos frente a la opinión ajena, nuestra ruta de navegación en la vida se moverá al vaivén de las circunstancias. Vinimos al mundo a dejar una huella de amor auténtico, no a pisar las huellas de otros.
Confía en tu propio juicio, confía en ti mismo…

