Ego

Se le empieza diciendo que es el mejor. Y él se lo cree.

Luego se le premia por ser el mejor, y también se lo cree.

Al final se cree superior, elevado, el más inteligente, bueno y capaz.

El mundo empieza a convertirse en una carrera competitiva para seguir siendo el mejor, y en esa carrera, lucha, agrede y humilla. No puede encontrarse a sí mismo, sólo complacer a quienes aplaudirán su logro.  

A esta altura ya pervive en él una nueva emoción, un sentimiento extraño que agita, produce ansiedad y es adictivo: ahora padece la emoción del ego, un apego exagerado a su propio yo.

Cuidar las emociones es un patrón universal de felicidad. Cualquier emoción que se desborde en nuestra alma nos hará perder el camino.

Quien está atrapado por la emoción del ego, deberá comenzar por observarse a sí mismo sin juzgarse, examinar el yo imaginario al que se apega, y experimentar frecuentemente la emoción contraria al ego, que es el sentimiento de humildad para servir, dar y amar.


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