Las emociones son impulsos que tienden a movernos a una acción beneficiosa o negativa. Provienen de tendencias genéticas, circunstancias externas, o de los propios pensamientos. Paul Ekman detectó cuatro emociones primordiales en todas las culturas del mundo: la ira, el temor, la tristeza y el placer. Agregaríamos la emoción del amor. Cada una de estas emociones se deriva en distintos estados de ánimo, según Goleman:
Ira: furia, fastidio, resentimiento, cólera, indignación, disgusto.
Tristeza: pesar, congoja, melancolía, pesimismo, soledad.
Temor: preocupación, ansiedad, incertidumbre, vergüenza, fobia.
Placer: felicidad, alegría, alivio, contento, deleite.
Amor: aceptación, simpatía, amabilidad, confianza, afinidad.
Cuidar las emociones significa tener autodominio para controlar a nuestros impulsos. Aristóteles en la Ética a Nicómaco señalaba: “Cualquiera puede ponerse furioso…eso es fácil. Pero estar furioso con la persona correcta, en la intensidad correcta, en el momento correcto, por el motivo correcto, y de la forma correcta… eso no es fácil.”
Las emociones deben educarse para pensar y actuar bien. Los estudios de Antonio Damasio- neurólogo de la facultad de medicina de la universidad de Iowa- demostraron que las emociones son indispensables para las decisiones racionales. En la antigüedad Aristóteles advertía que la templanza asegura a los juicios de la prudencia[4]. No observar a nuestras emociones u omitir las estrategias para vencer las emociones que nos impulsan a situaciones negativas ha conducido a las personas de la sociedad moderna a infinidad de estados patológicos de depresión clínica y ansiedad.

