“Sólo sabe quien tiene dudas”
Alberto Aguirre Quintero.
La razón de estudiar es aprender, por eso la voluntad de aprender y la convicción de que no lo sabemos todo son esencia de este principio.
Un aforismo popular enseña que nadie nace aprendido. El niño necesita de aprendizajes para caminar, vestirse, hablar un idioma y en general para relacionarse con el mundo. De niños nuestra vocación siempre fue la de aprender, correr por la vida con curiosidad y asombro. Sin embargo, crecimos y comenzamos a creer que lo sabiamos todo, desaprovechando experiencias por no convertirlas en oportunidades de aprendizaje. Olvidamos que de cada persona podemos aprender algo nuevo.
La curiosidad, la duda, la indagación permanente y la voluntad de aprender de colegas como Marcel Grossman o David Hilbert llevaron a Albert Einstein a un nuevo estadio del saber humano y a nosotros, a declararlo el personaje del siglo XX. Esta misma vocación es la que anunció al siglo XXI como la sociedad del conocimiento.
Quien tiene vocación de aprender un día se convertirá en gran maestro. Pero aún éste reconocerá que cuanto más aprende, menos conoce porque el saber es inagotable. El maestro entonces afirmará con valor, como Sócrates, “sólo sé que nada sé”.
Juan Ángel Palacio Hincapié, profesor invitado de los mejores postgrados del país, a un comentario sobre su vocación docente contestaba: “Yo realmente enseño por la necesidad de aprender”. Por eso es un error creer que la vocación de aprender es sólo del estudiante: es de todo ser humano que reconoce una sed de conocimiento y se apasiona por apaciguarla.
Permitamos que el niño curioso que reside en nuestro interior nos disponga a aprender cada día algo nuevo y así hacer de la vida, otra vez, una aventura maravillosa.
