La segunda guerra mundial fue el conflicto global más mortífero en la historia de la humanidad, ocurrido entre 1939 y 1945, que arrojó la muerte masiva de civiles, el holocausto, y la activación de la primera bomba nuclear.
El dominio militar mundial por parte de Hitler y el eje, fue de tal magnitud que sólo la acción conjunta y solidaria de las demás potencias aliadas pudieron cesarla.
Un fanático creyente en la superioridad de unos sobre otros alborotó esa guerra, pero un pueblo tentado y seducido en sus emociones la secundó.
El ego de los líderes y la facilidad para manipular las emociones ajenas, son fuente de guerras y separación entre hermanos.
Por fortuna las guerras largas siempre llegan a su fin, y cuando ello ocurre, celebraciones como las de la enfermera Greta Friedman y el marinero, tomada por el fotógrafo Alfred Einsenstaedt el 14 de agosto de 1945 en Nueva York, y que marcó simbólicamente el fin de la segunda guerra mundial, nos recuerdan que la vocación de la humanidad es la paz y la hermandad de los corazones.

