Una persona espiritual es bondadosa, puede darse a sí misma con el desinterés de los místicos y la afectividad de una madre.
La persona bondadosa vive en la abundancia del amor y hace un acto solemne de renuncia a poseer para dedicarse a servir. Ha vencido al ego y no desea controlar a nadie.
Su mandamiento fundamental es la felicidad de la humanidad y entrega su vida a los vulnerables, los excluidos y los infelices. Piensa y actúa para el bienestar general, se compromete en causas comunitarias, interviene para la justicia y la igualdad real

