El pueblo colombiano delibera si apoya o no un acuerdo de paz suscrito entre su gobierno y la guerrilla de las Farc. Lo debe decidir mediante un voto por un sí o por un no. Por tratarse de una deliberación acerca de las razones que sustentan mejor una tesis u otra, es un ejercicio argumentativo, es decir, aquel que se sustenta en una cadena de razones sobre un determinado punto de vista.
Para un buen ejercicio argumentativo es necesario examinar los datos esenciales del acuerdo de paz, la historia en el mundo de las lecciones de acuerdos de paz exitosos, y la regla práctica de que es mejor la paz general y la reconciliación entre hermanos, sin menoscabo de la libertad, que la continuidad de la guerra.
Ante los razonamientos dirigidos a hacernos razonar mal, o falacias racionales, debe mantenerse el pensamiento crítico evitando los equívocos, las ambigüedades, las generalizaciones, y las falsas cadenas de causas de un acontecimiento, entre otras.
Sin embargo, la deliberación no ha estado exenta de la manipulación de las tres emociones negativas que detectó Paul Ekman, sicólogo norteamericano, en 1931 en su libro Emotion In the Human Face, como son las del miedo, la ira, y la tristeza. Las emociones influyen en nuestro pensamiento y por tanto en nuestra argumentación. Por eso deben evitarse los argumentos dirigidos a manipular nuestras emociones, o falacias emocionales, como aquellas que atizan el miedo, la ira y la tristeza, descalifican a las personas, o se apoyan en el autoritarismo.
La paz de los colombianos es un fin que debe conquistarse, pero también un reto para saber interpretar argumentaciones, y así la razón y la emoción no sean manipuladas con falacias.

