El 11 de septiembre el pueblo norteamericano padeció una de las catástrofes más intensas de su historia. Más de dos mil civiles murieron calcinados o aplastados por ocasión de tres atentados simultáneos en las torres gemelas. El dolor no solo lo han vivido sus parientes sino un gran conjunto de la humanidad, porque aquel fue un atentado contra la raza humana proveniente de ideologías.
Las ideologías resultan peligrosas y estas tienden a actuar en los pensamientos de las personas, produciendo una forma de pensamiento tóxico denominado pensamiento ideologizado, que mira la realidad desde praxis históricas concretas y enfoques únicos que se asientan en comunidades y no permiten la diversidad de ideas, de opiniones y de argumentos.
El pensamiento ideologizado es rígido, su emblema es el ego, y su accionar es la exclusión del otro para imponer el punto de vista propio. Para cuidarnos de este tipo de pensamientos es bueno examinar la historia de las prácticas y usos sociales que dieron origen a una determinada ideología religiosa, política, económica, o de cualquier otro tipo. Y al mismo tiempo potenciar nuestro pensamiento crítico y confianza en sí mismos, frente a quienes quieran imponernos una idea nociva a nuestra libertad de sentir, pensar y elegir los mejores medios para alcanzar los sueños. Ante el fanático, compasión y autonomía.

