El futuro como aliado

El árbol que crece en el presente se debe a las raíces del pasado pero mira al cielo del futuro. Sin embargo la vivencia plena del presente puede ser alterada por nuestra preocupación por el futuro. Es muy importante una vida con metas y planeación para lograrlas aunque ello traiga inevitables contingencias en el camino, porque una de las reglas de la vida es que el camino tiene obstáculos. Pero también debemos perseverar en nuestros propósitos y enfrentar los problemas con un optimismo renovado y la esperanza de un porvenir feliz. Al fin y al cabo nacimos para ser felices. El presente debe apuntar su mirada al futuro esperándolo como venturoso y feliz.

Para que nuestro ahora no sea atrapado por las preocupaciones del futuro debemos repasar con frecuencia las imágenes del futuro que deseamos para nuestras vidas. Para ello podemos ayudarnos de un mapa de la prosperidad o de técnicas como la programación neurolingüística. Actuar en el presente creyendo sinceramente en un porvenir feliz nos da luces para actuar en el ahora con optimismo y confianza. Aunque el futuro es una nebulosa de expectativas aun no cumplidas, si él es esperado con la certeza de la felicidad, el mañana se convertirá en un faro que ilumine a la oscuridad y no una carga que agobie al presente. Esa certeza de un futuro feliz es lo que reconocemos como la esperanza.

Todos podemos construir la realidad futura de felicidad que imaginemos para nuestras vidas, pues la imaginación es el combustible de nuestro poder para realizar los sueños. Una visión del feliz futuro que se ha establecido en nuestro corazón es el agua que puede calmar la sed de la angustia en los momentos de confusión. Esa visión puede sostener nuestra voluntad de lucha y coraje. Por eso es bueno mantener viva esta visión mediante imágenes, escritos, o audios, para mantener nuestro barco en dirección a los grandes sueños.

No dejemos que las dificultades del presente o el dolor del pasado se conviertan en una maraña que oculte la luz del futuro de felicidad que esperamos para nuestras vidas. Si la visión personal del futuro es coherente con nuestras auténticas necesidades, se convertirá en la aliada silenciosa de nuestro sentido de la vida, el propósito profundo de amor a la humanidad y unidad con Dios que animará a todos nuestros actos.

Aceptar la realidad del pasado, gozar la realidad del presente, y atender con esperanza la realidad del futuro, son los fortísimos hábitos para una felicidad real.


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