La Generosidad

En el santuario de Monserrate escuché a un sacerdote unas palabras bellísimas que inspiraron este escrito. Dijo el sacerdote:

“El más importante no es el que más tiene, ni quien más alto cargo ocupa, ni el más famoso. El más importante es quien más sirve, quien más da, quien más ama”.

Frecuentemente pensamos que si damos perderemos algo. Estamos muy apegados a lo que creemos tener y olvidamos que es la vida la que nos tiene a nosotros. Por eso al final del viaje no nos llevamos nada; en cambio queda en los que sobreviven lo que les hemos dado, y así en ellos, en sus corazones, continuaremos viviendo.

La naturaleza misma es dadora, circulante. Basta observar el proceso de fotosíntesis o de circulación del agua para entender eso. Sin embargo, los seres humanos con nuestra conciencia de pobreza, de carencia, nos hemos convertido en retenedores y no en dadores. En vez de preguntarnos “en qué podemos ayudar”, nos preguntamos continuamente “que puedo yo ganar”.

Existe otra conciencia, la de abundancia, que nos hace sabernos plenos de dones de talentos para ejercerlos dando de sus frutos a los demás. Una conciencia que nos enseña a pensar creativamente sobre lo que necesita el mundo para dárselo y no sobre lo que puede darnos el mundo a nosotros. Hace cincuenta años Japón, destruido por la guerra, pensó creativamente y descubrió que el mundo necesitaría tecnología. Japón ejerció sus talentos ofreciendo entonces tecnología y es significativo que hoy sea una superpotencia económica, y que en Tokio se radiquen los siete bancos más grandes del mundo.


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