Para profundizar el hábito de la espiritualidad podemos aprender de las grandes religiones:
De los hindúes, que podemos vivir en comunión con Dios a través de la meditación, y que Dios expresa su unidad infinita con nosotros a través de la naturaleza.
De los islámicos, que debemos guardar diariamente, en nuestro corazón y cotidianidad, un espacio para Dios, que es el único, no los dioses de la sociedad moderna: el consumo, las redes y el entretenimiento.
De los protestantes, a entender a Jesús como un hombre con debilidades, que predicaba en las casas, no en los templos, y cuya sencillez y humildad eran su emblema.
De los budistas, que todo lo que tiene un comienzo, tiene un fin, y que los deseos incontenibles son la causa de nuestro sufrimiento. Aprender a vivir más allá del bien y del mal, de ideologías, de los valores de cada cultura. La eternidad del presente.
De los católicos, que Jesús vive en nuestros corazones para construir un mundo más social e igualitario.
La relación con Dios solo ocurre en el camino de la espiritualidad. No puede uno encontrarse con él por vía de la racionalidad sino por la fe. Es Dios la fuente y la unidad de la vida.

