Luchar por el don

La dirección de las actividades hacia los dictados del corazón tiene resistencias. Es difícil dejar atrás el camino transitado, y sabemos que iniciar un nuevo modo de actuar nos adentrará en un mundo desconocido en el que parecerá que nuestros problemas actuales se agravarán. Pero, ¿acaso no vale la pena morir por un sueño en vez de padecer la resignación y la frustración durante toda la vida?

El amor es la mejor meta de la vida. Y cada uno puede expresar su forma propia de dar amor haciendo lo que le es natural a su ser, lo que mejor sabe hacer. El ejercicio del don es la fuente del sentido de la vida pues quien encuentra en la vida lo que desea hacer podrá orientar el curso de su destino en función de un propósito que le dará felicidad y paz.

Si nos decidimos a hacer lo que pide nuestro corazón la vida se armonizará y fluirá con facilidad, pues nuestras pasiones primordiales nos llevarán a hacer lo que verdaderamente amamos y a satisfacer las necesidades de la humanidad, atrayendo más y más todo lo que está vinculado a lo que gozamos y amamos hacer. El sentido de una vida, que es el propósito vital, se encuentra en hacer lo que amamos, y hacerlo por amor a los demás.

No hay nada que temer. Nuestro personal juramento por la felicidad hará mover un río tumultuoso que nadie podrá detener. Nuestras palabras serán escuchadas porque serán el trino natural de un pájaro, el sonido especial de un violín. Nuestras acciones producirán los efectos esperados y el universo se ordenará en función de nuestro corazón, porque seremos uno con él. La vida se convertirá en una fiesta de alegría, de instantes en que el aquí y el ahora florecerán. Habremos encontrado la ruta de la felicidad.


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