Quienes están en el presente consideran que todo es hermoso, ven la belleza en todo lo que encuentran y pueden sumergirse en los acontecimientos. Viven en el asombro ante lo que transcurra en sus vidas. Esto es lo les ocurre a los místicos e iluminados, quienes permiten ser absorbidos por la belleza inesperada de la realidad.
También nosotros podemos vivir en el asombro alejando con decisión lo que nos distrae del presente: el pasado, el futuro, la adicción a las tecnologías, al trabajo y a los otros. Es una de las tareas más difíciles de realizar para alcanzar la felicidad, porque a ella se oponen las ideologías, las compañías y los medios de comunicación, a quienes les interesa tu adicción y tu servidumbre.
Vivir en el asombro es ver la realidad con los ojos de los niños, seres entusiastas que no han cargado sus pensamientos con prejuicios, verdades o ideologías a defender.

