Nacimos desnudos pero nos cargamos de aparatos tecnológicos que nos mueven con un timbrazo, interrumpen nuestras conversaciones, nos aíslan de la actividad que veníamos llevando, o la culminamos con superficialidad.
Nacimos con la vocación de seguir nuestros deseos auténticos pero terminamos accediendo accedemos al bombardeo de la información publicitaria y orientando los deseos a lo que no da salud ni felicidad a nuestras vidas. Enredamos el ahora entre noticias, espectáculos y el culto al yo. Así, nuestra misión de dar amor en unidad con Dios se ve interrumpida por las ideologías que nos separan, la posesividad que nos hace dependientes, y el individualismo que nos hace egoístas. Es urgente develar con valentía personal lo que nos distrae del presente.

