Los recientes episodios de personas que han fallecido a causa de la manipulación indebida de selfies muestra la tendencia creciente en el uso de esta forma de expresarse.
India, Estados Unidos y Rusia, son países con mayor frecuencia de estos eventos por el intento de los usuarios de tomarse fotografías en lugares altos, portando armas, junto a trenes o animales peligrosos, para obtener muchos “me gusta” y ser popular en redes.
Los autorretratos, que en ingles se denominan selfie, se originan con la fotografía que se tomó Robert Cornelius en Filadelfia en el año 1839.

Autoretrato de Robert Cornelius. Foto: Archivo / Librería del Congreso de los EEUU | Wikimedia Commons
Hacerse una selfie nos pone en el reto de la templanza, es decir, aprender a lograr un balance entre el deseo de alcanzar una meta y la prudencia para elegir un medio adecuado. En las culturas orientales este balance se conoce como la moderación, el arte de contener los deseos y no caer en el exceso.
Pero también nos invita a la reflexión sobre el real objetivo que se esconde detrás de una selfie: comunicar una expresión nuestra quienes queremos, o reforzar nuestro narcisismo a costa de nuestra vida.

