Serenidad

Una persona con el rasgo espiritual de la serenidad es poseedora del semblante afable de quien ha encontrado la felicidad en su vida. No se irrita, no se afana, todo lo acepta, todo lo soporta, porque sabe que todo es efímero pero también eterno.

Experimenta a toda hora una sensación de paz interior porque en su corazón no hay latidos de guerras, ni fanatismo por ninguna causa ideológica, política o religiosa. Tampoco lucha por imponer su razón porque le es más importante escuchar, comprender y ayudar.

Ante las emociones negativas, esas nubes pasajeras que a veces aparecen en el cielo del alma, las observa sin juicios ni reproches, examina a qué objeto de deseo se ha apegado su espíritu, y finalmente opone sentimientos contrarios a los negativos: a la ira la calma, al desagrado la alegría, al miedo la fe. Un estudio en 300 pacientes en Sídney Australia, publicado recientemente en la revista European Heart Journal, ha demostrado la conexión entre la ira y los accidentes cardiovasculares. Es frecuente el ingreso a los hospitales de pacientes infartados, que han padecido en las últimas cuarenta y ocho horas  episodios de ira intensa, lo que les provoca el incremento de adrenalina y cortisol en el torrente sanguíneo. También son crecientes los acontecimientos de gente con ira que se manifiesta con agresiones, intolerancia y enfado.

 


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