Sonreír saludar con energía, ser amable con el de al lado, estrechar con firmeza una mano, dar un abrazo, decir te quiero, regalar una esquela, desear el bien, compartir una alegría o una tristeza…
Sabes que si te liberas de la tensión del resentimiento, la desconfianza y la indiferencia, podrías navegar en el oleaje de las nuevas experiencias y abriendo inesperadas rutas en el amor, la amistad, el trabajo, el estudio.
Sin embargo, parece difícil ejercer el afecto. Es algo que sentimos necesitar, pero que damos poco. ¿Cuál es el miedo? ¿El mostrarte frágil? ¿Si crees en ti mismo, a qué puedes temer? Con frecuencia se considera que ser tierno es sinónimo de debilidad cuando realmente lo es de sensibilidad.
No cargues más esa pesada caparazón en la que ocultas los tesoros de tu afecto. Realiza exactamente aquello que te da miedo y vencerás ese temor.
Entonces da afecto en abundancia. El afecto es un río inagotable y multiplicador: cuanto más das, más recibes.
Konrad Lorenz dijo:
“Hemos sido creados para repartir nuestro afecto entre todos los seres humanos”
Reparte afecto a todos los compañeros del viaje. Si no están en tu caravana envíales buenos pensamientos deseandoles felicidad. Te convertirás así en un manantial inagotable de vida.
Para eso naciste.
