Categoría: Esquelas

  • La Tenacidad

    “En cada triunfo, hay muchos intentos”
    Frank Tyger.

    La tenacidad es una suma de actitudes que nos impulsan a levantarnos cuando caemos.

    Es la certeza de que los obstáculos son necesarios porque prueban nuestra capacidad de acercarnos a la meta y finalmente conquistarla.
    Una persona tenaz sabe lo que lo grave no es caer sino el no levantarse, no se siente víctima de las circunstancias sino artífice de su destino; elije actuar para resolver el problema en vez de continuar elucubrando. Tiene el valor de enfrentarse a la incomprensión, y se orienta al logro de resultados y no al común “fue que”. Una persona tenaz es en todo caso un hacedor, alguien que convierte en un credo la frase de Daniel Kon:

    “Quien hace, puede equivocarse, quien nada hace, ya está equivocado”.

    Con tenacidad,  Abraham Lincoln, a pesar de muchísimos fracasos políticos, logró en 1861 la presidencia de los Estados Unidos de América. Alemania, a pesar de la declabe y división territorial que le dejó la segunda guerra mundial, lidera hoy a la Unión Europea.

     

  • El Estudio

    “Sólo sabe quien tiene dudas”
    Alberto Aguirre Quintero.

    La razón de estudiar es aprender, por eso la voluntad de aprender y la convicción de que no lo sabemos todo son esencia de este principio.
    Un aforismo popular enseña que nadie nace aprendido. El niño necesita de aprendizajes para caminar, vestirse, hablar un idioma y en general para relacionarse con el mundo. De niños nuestra vocación siempre fue la de aprender, correr por la vida con curiosidad y asombro. Sin embargo, crecimos y comenzamos a creer que lo sabiamos todo, desaprovechando experiencias por no convertirlas en oportunidades de aprendizaje. Olvidamos que de cada persona podemos aprender algo nuevo.

    La curiosidad, la duda, la indagación permanente y la voluntad de aprender de colegas como Marcel Grossman o David Hilbert llevaron a Albert Einstein a un nuevo estadio del saber humano y a nosotros, a declararlo el personaje del siglo XX. Esta misma vocación es la que anunció al siglo XXI como la sociedad del conocimiento.

    Quien tiene vocación de aprender un día se convertirá en gran maestro. Pero aún éste reconocerá que cuanto más aprende, menos conoce porque el saber es inagotable. El maestro entonces afirmará con valor, como Sócrates, “sólo sé que nada sé”.

    Juan Ángel Palacio Hincapié,  profesor invitado de los mejores postgrados del país, a un comentario sobre su vocación docente contestaba: “Yo realmente enseño por la necesidad de aprender”. Por eso es un error creer que la vocación de aprender es sólo del estudiante: es de todo ser humano que reconoce una sed de conocimiento y se apasiona por apaciguarla.

    Permitamos que el niño curioso que reside en nuestro interior nos disponga a aprender cada día algo nuevo y así hacer de la vida, otra vez, una aventura maravillosa.

  • La Libertad

    La libertad es ante todo una opción de escoger. El ejercicio de la libertad produce consecuencias visibles: se cosecha de lo que se ha sembrado. Por eso es mejor sembrar que quemar.

    Pero al decir sembrar, es mejor hacerlo para todos y no exclusivamente para uno. Si elegimos dañar al otro la vida se encargará de compensar esa situación. Los hindúes lo llaman la ley del karma al explicar que todo lo que nos sucede en este momento es producto de las decisiones que tomamos en el pasado y que al elegir tal o cual opción debemos pensar si ella traerá felicidad y realización para nosotros y para aquellos a quienes afectará.

    Observemos nuestras decisiones y reflexionemos sobre las consecuencias que ellas producirán. Si nos cuesta dificultad elegir la mejor opción, pidámosle orientación a nuestro corazón, porque tiene la capacidad de intuir las mejores decisiones.

    Dijo Goethe: “A esta carencia me atengo por completo, esta es la última conclusión: sólo merece la libertad, como la vida, quien diariamente la conquista”

     

  • La Justicia

    El poeta brasilero Carlos Drummond de Andrade, nos recuerda en un poema:
    “Es tan grande el presente, no nos apartemos. No nos apartemos mucho, vamos de la mano”. 
    En Colombia estas palabras parecieran no tener sentido porque de tanto negar al otro lo que le pertenece terminamos apartándolo en un país en el que no nacimos, ni estamos solos.
    Somos compañeros de un viaje. La civilización es testigo de ello. La humanidad sólo pudo crecer porque por encima del egoísmo de unos pocos, triunfaron los muchos, aquellos que iban de la mano.
    ¿Por qué negarle al otro lo que le pertenece? Para qué pedir tanto lo que no estamos dispuestos a dar? Solo dando recibimos, y se recibe de lo que se da.
    Si damos lo que le pertenece a nuestros compañeros del viaje obtendremos también de la vida lo que nos pertenece a nosotros.
    Sembremos justicia en cada acto. Hagámoslo con amor infinito, como sembrando una semilla. Así las naciones un día no tendrán que ver a sus hijos caer, porque todos iremos de la mano.