Categoría: Mensaje Diario

  • El Habito de Ayudar a los Demás

    El Habito de Ayudar a los Demás

    Nuestra civilización ha sobrevivido gracias a los lazos de solidaridad y cooperación entre los semejantes. Estos vínculos primordiales nos permitieron vencer los obstáculos de la naturaleza y evolucionar en una cadena de generaciones que transmitieron unas a otras los saberes, las prácticas y los afectos que nos mantienen unidos como especie. Las guerras constituyen episodios de separación local que finalmente logran superarse para vivir largos períodos de paz.

    Nacemos en el seno de una humanidad que nos da leche y cobijo en los primeros años. Crecemos entre juegos, albergamos sueños, formamos una familia, nos integramos a la sociedad y un día nuestros parientes y amigos nos despiden con dolor por nuestra partida final. Nacemos crecemos y morimos en comunidad. La mejor forma de expresar un sentido de amor por la humanidad son los gestos cotidianos de ayuda a los demás. Cuando ayudamos a los otros a ser felices, encontramos nuestra propia felicidad. Un refrán reza:

    Si quieres ser feliz…

    …durante una hora, haz la siesta.

    …durante un día, vete a pescar.

    …durante un mes, cásate.

    …durante un año, recibe una herencia.

    …durante toda la vida, ayuda a alguien.

  • Un trabajo que te haga reír

    Un trabajo que te haga reír

    Si el trabajo no te permite reír, gozar del presente, o sentir la experiencia de la plenitud estás gastando inútilmente tu tiempo y desperdiciando la oportunidad de la felicidad. El trabajo no será un trabajo sino un padecimiento. Por eso Confucio sentenciaba: “elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida”. Nadie tiene por que venir a la tierra a padecer la realidad sino a vivirla con felicidad. La posibilidad de gozar, de disfrutar al realizar una actividad, es el medidor exacto de la felicidad en ese instante.

  • El Propósito de la Vida

    El Propósito de la Vida

    Todo tenemos una misión, un propósito que da sentido a nuestras vidas y que orienta el curso de nuestro destino.

    Esta misión tiene que ver con los demás porque es una finalidad para el amor. Por tanto nuestro propósito en la vida no puede ser egoísta, ajeno a los demás: nuestro propósito mira hacia adelante y ve posibilidades para dar felicidad a los demás; nuestro propósito mira hacia atrás y ve los actos de bondad y felicidad que dimos a los demás.

    Quien ha encontrado el destino de su vida posee la llave de su propia felicidad, con la que puede dejar una huella de mejoría del mundo.

  • El Amor de la Amistad

    El Amor de la Amistad

    El rostro de la amistad es sereno porque no se agita con apegos o pasiones, sino con la genuina voluntad de aceptación del otro. Es un amor que pone a prueba en nosotros mismos las siguientes virtudes:

    Aceptación para entender y comprender al amigo en sus debilidades y en sus fortalezas.

    Solidaridad para intervenir en favor del amigo cuando éste ha caído.

    Sinceridad para decir lo que se piensa.

    Perdón para olvidar las ofensas que a veces se reciben de los amigos.

    Consuelo para acompañar al amigo en el dolor.

    Humildad para recibir un buen consejo del amigo.

    Sacrificio para renunciar a nuestras comodidades en favor del amigo.

    Libertad para que el amigo vuele en el cielo de su propia felicidad.

    La amistad es el campo fértil de ejercicio de estas virtudes que son esenciales para la construcción de la felicidad. El amor de la amistad es benéfico porque permite vencer el egoísmo del interés propio y regular nuestra tendencia a los apegos. Conversar con un amigo es fuente de claridad y apoyo para enfrentar nuestros problemas.

    En el mundo no estamos solos y no pueden tratarse a los demás como meros medios para alcanzar nuestros fines. Quienes son amigos han logrado construir una especial alianza que busca la mejoría del otro de manera desinteresada, es decir, sin reparar en la utilidad o el placer que pueda proporcionar el amigo. Por eso decía Aristóteles, que nadie querría vivir sin amigos, aun estando en posesión de otros bienes.

    El amor de la amistad puede enfrentar grandes peligros. El abuso, es decir, el uso excesivo, injusto o indebido de la amistad produce en el otro un hastío que le hace correr lejos. El olvido, el dejar de tener presente al amigo en el pensamiento y en las manifestaciones de cariño y consideración, es causa de aflicción porque el amigo silenciosamente termina convertido en un desconocido para el otro. La insensibilidad, es decir, la falta de receptividad y emoción ante los problemas del amigo es también causa de tristeza en quien esperaba mucho más del amigo.

    El gran reto de una amistad consiste en esforzarnos por mantenerla viva con el respeto, las manifestaciones de afecto y la atención constante a lo que ocurre con el amigo.