Categoría: Mensaje Diario

  • Confiar en ti

    Confiar en ti

    La mayoría de las personas desean que su razón u opinión sea aceptada y reconocida por los demás gracias a una emoción fundamental denominada ego, que les hace sentirse muy importantes o superiores ante los demás.

    Pero la razón u opinión ajena es con frecuencia muy distinta a la nuestra, lo que nos impele al reto de tener ánimo crítico frente a los puntos de vista ajenos, en especial cuando versen sobre política, religión o ideologías. Incluso frente a las opiniones sobre las pequeñas cosas de la vida se nos incita a adoptar la opinión ajena. “ese traje no te queda bien, no uses esa herramienta, te ves ridículo haciendo eso”.

    La mejor pregunta que puedes hacerte antes de aceptar un punto de vista ajeno es esta: ¿lo que se me propone está en consonancia con mis auténticos deseos y el bienestar de los demás?

    Pero si no sabes lo que tu  corazón desea, será muy fácil vivir para la opinión de los demás y no bajo la luz de la tuya. Saber lo que se quiere en la vida define nuestra identidad y también nuestra libertad.

    Cuando no somos críticos frente a la opinión ajena, nuestra ruta de navegación en la vida se moverá al vaivén de las circunstancias. Vinimos al mundo a dejar una huella de amor auténtico, no a pisar las huellas de otros.

    Confía en tu propio juicio, confía en ti mismo…

  • Miedo a ir tras los sueños

    Miedo a ir tras los sueños

    ¿Te has preguntado si eres hoy lo que siempre has deseado ser? Si tu respuesta es negativa sencillamente no estás haciendo lo que tu corazón te pide que hagas, porque realmente tú sólo eres lo que haces hoy, no lo que deseas ser. Mediante el hacer lo que amas puedes llegar a tu ser íntimo y verdadero.

    Si el trabajo no te permite reír, gozar del presente, o sentir la experiencia de la plenitud estás gastando inútilmente tu tiempo, desperdiciando la oportunidad de la felicidad. El trabajo no será un trabajo sino un padecimiento. Por eso Confucio sentenciaba: elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida. Nadie tiene porque venir a la tierra a padecer la realidad sino a vivirla en la felicidad. La posibilidad de gozar, de disfrutar al realizar una actividad, el medidor exacto de la felicidad.

    Las convenciones sociales o lo que los demás dijeron que no podíamos ser o hacer, nos desvían del camino a nosotros mismos y son el principal obstáculo para ejercer nuestro auténtico don. También lo es la apatía por encontrarte a ti mismo y asumir en el deber de actuar en consecuencia. Pero el principal enemigo de los sueños es el miedo, ese temor que nos impide hacer lo que verdaderamente amamos. Y tenemos miedo cuando no nos reconocemos como artífices de nuestra felicidad, no nos amamos, o no tenemos fe.

    Es importante amarse para confiar y vencer los miedos. La principal función del miedo es paralizar, por eso el miedo resulta tan amenazante en el gran cometido personal, que es alcanzar las metas propias de felicidad. Goethe, el gran literato alemán, nos dejó esta lección para vencer el miedo e iniciar el camino de los sueños: “Lo que puedes hacer o has soñado que podrías hacer debes comenzarlo. La osadía lleva consigo genio, poder y magia”.

    El miedo se alimenta de historias personales sobre nuestros fracasos pasados, que no son otra cosa que circunstancias concretas que no logramos apreciar como una valiosa oportunidad para aprender y mejorar, sino como un obstáculo agobiante. El lingüista inglés Marc Angenot, nos advierte que cada sociedad procura instalar en las mentes de las personas los límites de lo que se puede pensar y de lo que se puede decir, y así ella reproduce viejos dominios que terminan paralizando las nobles aspiraciones de las personas. Cuando estamos atrapados por el miedo experimentamos su asfixiante control y no alcanzamos a advertir el oscuro mecanismo que lo activa, porque la función de la emoción del miedo es paralizar los deseos y suspender las certezas de la felicidad.

  • ¿Que agita nuestros deseos?

    ¿Que agita nuestros deseos?

    Cuando deseamos, lo hacemos porque experimentamos la carencia de algo que no se tiene, una sensación de que estamos incompletos y que nos impulsa a reparar esa carencia. Por esto la vocación natural de nuestros deseos siempre es la de satisfacer necesidades o carencias. Cuando un niño desea comer previamente ha experimentado la necesidad de nutrirse. Esta necesidad lo lleva a desear y por tanto a manifestar su deseo llorando y pataleando. El proceso ocurre porque las necesidades hacen agitara nuestros deseos hacia objetos con los cuales se pretende superar la carencia. Estos objetos de deseo que perseguimos en la vida siempre contienen una promesa de satisfacción y placer, y por tanto de felicidad. El deseo siempre pretende satisfacer una necesidad, y esto nos hace sentir felices.

    La palabra necesidad se define como el impulso irresistible que hace que las causas obren infaliblemente en cierto sentido. Las necesidades son las fuerzas primordiales que nos mueven a desear objetos y actividades. Sin embargo, entre estas fuerzas existen unas de mayor jerarquía: las pasiones, que son los impulsos más esenciales que mueven a las personas. Las pasiones son las primordiales fuerzas irresistibles que nos atraen y que debemos reconocer en nuestro ser como los profundos hilos invisibles del alma.

    Si podemos descubrir nuestras auténticas pasiones, habremos develado los mil rostros que puede adoptar el deseo y podremos ser fieles a nosotros mismos, porque en nuestras auténticas pasiones se encuentra la fuente original que determina el sentido de nuestras búsquedas y que nos exhorta diariamente a seguir el camino de nuestros sueños, aunque desoigamos su llamado.

    Son las pasiones la raíz de nuestros impulsos, movimientos y fines esenciales, el misterioso motor de los más importantes deseos. Y si nuestro fin esencial en la vida es la conquista de la felicidad, en nuestras auténticas pasiones está el origen de esa felicidad que todos aspiramos conquistar.

  • En los cien años del natalicio de la cantante Violeta Parra

    En los cien años del natalicio de la cantante Violeta Parra

    Gracias a la vida que me ha dado tanto

    Me dio dos luceros, que cuando los abro
    Perfecto distingo lo negro del blanco
    Y en el alto cielo su fondo estrellado
    Y en las multitudes el hombre que yo amo

    Gracias a la vida que me ha dado tanto
    Me ha dado el oido que en todo su ancho
    Graba noche y dia, grillos y canarios
    Martillos, turbinas, ladridos, chubascos
    Y la voz tan tierna de mi bien amado

    Gracias a la vida que me ha dado tanto
    Me ha dado el sonido y el abecedario
    Con el las palabras que pienso y declaro
    Madre, amigo, hermano, y luz alumbrando
    La ruta del alma del que estoy amando

    Gracias a la vida que me ha dado tanto
    Me ha dado la marcha de mis pies cansados
    Con ellos anduve ciudades y charcos
    Playas y desiertos, montanas y llanos
    Y la casa tuya, tu calle y tu patio

    Gracias a la vida que me ha dado tanto
    Me dio el corazon que agita su marco
    Cuando miro el fruto del cerebro humano
    Cuando miro al bueno tan lejos del malo
    Cuando miro al fondo de tus ojos claros

    Gracias a la vida que me ha dado tanto
    Me ha dado la risa y me ha dado el llanto
    Asi yo distingo dicha de quebranto
    Los dos materiales que forman mi canto
    Y el canto de ustedes que es mi mismo canto
    Y el canto de todos que es mi propio canto
    Gracias a la vida que me ha dado tanto