Categoría: Mensaje Diario

  • Los antídotos a la emoción del Miedo

    Los antídotos a la emoción del Miedo

    Sentimos la emoción del temor cuando está amenazado un objeto de deseo, como un bien o la vida. El antídoto espiritual consiste en sostener a nuestra fe en Dios y observarnos a nosotros mismos experimentado el miedo. El antídoto racional será analizar nuestro apego al objeto de deseo y el alcance real de la amenaza pues el miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son, como nos advertía Tito Livio. El
    antídoto emocional consiste en oponer la emoción contraria al temor: la valentía para enfrentar a la amenaza. Ante el temor,  fe, racionalidad y valentía.

  • Los antídotos a la emoción de la Ira

    Los antídotos a la emoción de la Ira

    Sentimos la emoción de la ira cuando nos es arrebatado un objeto de deseo, sea este un bien material como el dinero, o la tranquilidad personal. En primer lugar, para dominar esta  emoción podemos utilizar el antídoto espiritual observando desde nuestra fe en Dios, a nuestra emoción de la ira, sin hacer reproches o juicios. En segundo lugar, podemos oponer a la ira el antídoto racional analizando nuestro exagerado apego al objeto del deseo que sentimos arrebatado, ejerciendo la capacidad de aceptar la realidad y perdonar la ofensa.

    Finalmente podemos usar el antídoto emocional oponiendo a la ira una emoción contraria: la serenidad. En suma, ante la ira, observación, aceptación y serenidad.

    En un relato de la tradición oriental se narra que un guerrero samurái se presentó frente a un gran maestro y le preguntó dónde estaban las puertas que conducían al infierno y al cielo.

    El maestro se rió y contestó: “¿Un samurái, tú? Pareces un mendigo.

    El guerrero se sintió herido en su orgullo y desenfundó su espada para matar al maestro, cuando este le dijo:

    -Esta es la puerta del infierno.

    Inmediatamente el samurái entendió. Puso la espada en su cinto, y el maestro le dijo:

    -Y esta es la puerta del cielo.

  • Dar

    Dar

    El dar con generosidad es un buen hábito en nuestra relación con los demás. Significa dar lo mejor de nosotros mismos y también dar nuestras mejores obras.
    El dar generosamente acerca a las almas en la comunión perenne de la vida. El hábito de dar nos ejercita contra el apego a las cosas, fuente de emociones dañinas.
    Si eres avaricioso, el empezar a dar con generosidad te acercará a un término medio, en que consiste toda virtud para el buen vivir.
    A medida que damos con generosidad, ocurre algo maravilloso: comienzan a fluir los gestos de bondad y prosperidad en todas las direcciones de nuestras vidas.

  • Inmigración

    Inmigración

    Nacemos con un proyecto de vida por el cual aspiramos a conquistar la felicidad. En ocasiones este proyecto de vida está unido a migrar a otra nación, por decisión propia o por circunstancias traumáticas, como las guerras que los países no logran superar.

    Pero la integración entre los seres humanos es el motor actual de la civilización, que estimula el libre intercambio, la cultura y la tolerancia.

    El mundo es una larga historia de migraciones, desde los glaciares hasta nuestros días, que nos llevaron por los caminos de la agricultura y la recolección, pasando por la industrialización, hasta la actual sociedad de la información. Negarnos a la migración significa entonces denigrar de nuestro esforzado pasado.

    Agitar la xenofobia entre las personas es incitar a la debacle de la civilización, porque nos separa en nuestra mirada fundamental: la fraternidad.

    La xenofobia denota miedo, es decir, la emoción que se experimenta ante la amenaza imaginaria o real de perder un objeto de deseo. “América para los americanos” era un viejo eslogan que cumplió su ciclo de caducidad ante la nueva consigna el mundo para el mundo.