Categoría: Mensaje Diario

  • El pensamiento optimista

    El pensamiento optimista

    Asumir la realidad que aparece ante nosotros es un reto diario de libertad, para saber elegir si la observamos con una de dos actitudes: la optimista o la pesimista. De la forma en que escojamos ver la realidad dependerá el estado de nuestras emociones para producir en nosotros alegría y amor, o tristeza, ira, miedo o dolor.

    El optimismo es la mejor cualidad que podemos elegir para interpretar la realidad, porque abre el horizonte de buscar lo bueno, ver lo bello en cada cosa del mundo, y experimentar el goce de vivir.

    El optimismo es esencialmente creativo, en medio de las grandes dificultades, como un duendecito encuentra soluciones a los problemas.

    Es tremendamente contagioso: quien está al lado de una persona optimista encuentra un refresco a las penurias que a veces vive, porque el optimismo es esencialmente hermano de la alegría, hijo de la felicidad.

    Tiene el optimismo el poder curativo de hacer olvidar las penas, de racionalizar las derrotas y levantar de nuevo el alma.

  • El hábito de la solidaridad

    El hábito de la solidaridad

    Ayudar al que lo necesita no sólo es parte del deber, sino de la felicidad, decía José Martí. El propósito común de la humanidad es el de alcanzar la felicidad. Sin embargo, las desigualdades e injusticias han sido constantes en la historia de los pueblos, y han imposibilitado el acceso a la riqueza general y a los bienes inmateriales de la cultura, sin los cuales no puede vivirse un mínimo de bienestar y felicidad.

    Para la conquista colectiva del propósito común de felicidad, es necesaria la acción de personas y naciones tendiente a ayudar a los demás y conseguir los objetivos de felicidad, especialmente cuando ellas se encuentran en desventaja. Esta acción virtuosa de apoyo al otro y a la sociedad es la solidaridad.

    La expresión solidaridad proviene del latín solidus, para significar lo macizo, compacto, cohesionado. Implica entonces la inclusión de todos quienes conforman una sociedad humana y la firme y consecuente actuación ante los fenómenos de exclusión y marginalidad. No significa caridad o asistencialismo, sino el deber colectivo de apoyo a los otros para asegurar la cohesión social. Eduardo Galeano, el escritor y periodista uruguayo, nos lo recuerda: “La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo”.

    La solidaridad es una virtud esencialmente orientada a los demás. Quien es solidario, actúa para crear condiciones de igualdad en favor de quienes han sido marginados de los objetos de felicidad de la modernidad. Reconocen las desventajas de las minorías sociales y luchan por una sociedad incluyente. Viven en un estado de entrega generosa a los demás. “Si precisas una mano, recuerda que yo tengo dos”, decía el filósofo y sacerdote san Agustín.

    Recordemos que la humanidad se ha desarrollado por los vínculos de solidaridad que han permitido construir un tejido universal de reconocimiento y diversidad. Es nuestro deber realizar a diario actos de solidaridad. 

  • Manual de la Paz

    Manual de la Paz

    La paz no es un estado pasivo del alma. Tampoco es la ausencia de conflicto. Es una construcción que nos corresponde hacer a diario con nuestras manos y nuestra libertad. Para construir la Paz necesitamos de unos materiales esenciales:

    1. Un propósito común de felicidad. La felicidad es el fin al que todos aspiramos. Es entonces un bien común que todos podemos alcanzar si nos ponemos de acuerdo en buscarlo. Es un bien político, es decir, que sólo se consigue en comunidad.Pongámonos de acuerdo en buscar la felicidad general, aquella disponible para todos sin discriminación alguna. juntos
        
    2. Acciones para el logro del propósito común de felicidad.Una acción hace la diferencia entre el logro y el fracaso. Ella desencadena una cadena de consecuencias inesperadas en nuestras vidas y en las de los demás, y por las que nos hacemos responsables. Si nuestras acciones son solidarias, haremos más fuerte a la comunidad. Si son egoístas, la resquebrajarán. hurano 

       

    3. La virtud personalLa persona virtuosa no incurre en el exceso ni en el defecto. Sabe desear lo que se debe, razonar como se debe, y elegir como se debe.  La virtud se aprende con la fuerza del hábito, de nuestro diario actuar con templanza y prudencia. El vicioso se deja arrastrar por el exceso o el defecto y no conoce del término medio. gloton
    4. La tolerancia El tolerante es aquel que reconoce como un hermano a la otra persona, pero también la acepta como un ser diferente, porque cada persona es un mundo. El tolerante acepta el conflicto como parte de la condición humana, y sabe que a través de las ideas y del diálogo se puede superar el conflicto.

       

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    5. Distribución equitativa de la riqueza. Todos deberíamos poder acceder a la riqueza general que nos permita tener una vida digna. No hay paz sin igualdad y sin justicia social. Luchar por la igualdad y la justicia social es entonces luchar por la paz.

       

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    6. Un acuerdo de todos Cuando unimos todos nuestros corazones en un compromiso primordial, es más fácil ejercer nuestra libertad, por que así sabremos cómo cumplir las reglas cotidianas. Una constitución política que logra involucrar a todos es una herramienta poderosa para el logro de la paz.

       
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    7. Gobernantes que den ejemplo La recta intención, la prudencia y la igualdad son las virtudes del buen gobernante. Quien no da ejemplo de ello no puede dirigir una nación. Por lo tanto es el buen ejemplo el mejor medio para enseñar a los ciudadanos a ser mejores.

       
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      La Paz no es una dádiva; es una conquista de todos. No es un punto de llegada; es un viaje a la felicidad, que sólo nosotros desde el amor y la igualdad podemos realizar. 

  • El hábito del perdón

    El hábito del perdón

    El pasado es importante. De él nos alimentamos para aprender y vivir en el presente. Nuestra historia personal es un relato de todo aquello que ha resultado importante en nuestras vidas. Negarnos a reconocer nuestra historia personal de vida nos impide conocer quiénes somos o aprender lo que podemos mejorar. Pero el pasado está muerto, ha transcurrido, ha quedado atrás en nuestra vida con su carga de dolor o alegría. Al ubicar lo pasado como lo que es, se abre la puerta del presente eterno, que podremos vivir tal como aparece.

    Tratar de vivir el presente sin aceptar que el pasado terminó por no aprender de él o por no poder perdonar significa estar muerto en vida y, por tanto, desaprovechar la oportunidad de ser felices en esta tierra. El perdón es la llave para liberarnos del pasado y experimentar a plenitud el presente.

    Sin embargo, el perdón implica la faceta difícil de extinguir el hábito de albergar odio, rencor o culpa en nuestros corazones. Empieza con la cesación del nocivo hábito de juzgar a los demás para, en cambio, convertirnos en testigos silenciosos del presente. El hábito del perdón nos invita a ver a los demás como hijos del gran arquitecto universal, quienes por su nivel de conciencia, como testificó Jesús, no sabían lo que hacían. Michel Bachelet perdonó a los asesinos de su padre en la dictadura de Pinochet, y Nelson Mandela pudo perdonar 27 años de encierro y vejaciones para emprender un camino de reconstrucción social con todos.

    las personas y los Estados deben estimular un ambiente en el que pueda florecer espontáneamente el  perdón en los corazones de las víctimas, porque el perdón no se decreta: es un hábito virtuoso que nace en condiciones adecuadas que nos corresponde a todos construir.

    Felices y libres, quienes pueden expresar de corazón su sincero perdón a los demás por el dolor padecido. El hábito del perdón nos libera, produce sanación espiritual y nos otorga la paz interior que finalmente abre la puerta a la paz social y a la felicidad general.