Categoría: Mensaje Diario

  • ¿Que es la felicidad?

    ¿Que es la felicidad?

    Siempre en algún momento de nuestra vida nos hemos preguntado por el verdadero significado de la felicidad sintiendo en el corazón que la felicidad es la meta de la existencia, un camino que todos deberíamos andar. Continuamente deseamos felicidad a las personas cercanas que amamos, a quienes parten a tierras lejanas, y a quienes han regresado a casa. Nos preguntamos a nosotros mismos de vez en cuando si en la actualidad somos felices. Y al final de nuestro camino también nos enfrentamos a la pregunta más importante: si tuvimos el valor de conquistar nuestra propia felicidad.

    Cada ser humano se hace una idea particular de cuál será la meta que dará felicidad a su vida y cómo debería ser el viaje a ese destino. La idea de la felicidad varía de persona a persona: en algunas prevalecerá un sentido de vida en el afecto; en otras, un modo de vida que garantice la subsistencia, o la posibilidad de vivir a plenitud la libertad.

    Sin embargo, a pesar de nuestras inclinaciones particulares, por fortuna todos coincidimos en que deseamos ser felices. Y aunque sea difícil ponernos de acuerdo sobre la naturaleza de la felicidad y cómo alcanzarla, todos concordamos en que la felicidad debería ser el estado natural del ser humano. Experimentamos la felicidad como el puerto al que todos debemos arribar, pero también intuimos que la felicidad es un viaje que todos deberíamos vivir.

  • Responsabilidad por la felicidad

    Responsabilidad por la felicidad

    Con frecuencia culpamos a otras personas, a fuerzas extrañas, o a la suerte, de lo bien o mal que la pasamos. Son usuales las siguientes frases “si tú cambiaras, yo sería feliz”, “como no me quieres, no puedo ser feliz”, “tengo tan mala suerte…”, “no he tenido la oportunidad de…” Y la lista parece no terminar. Culpamos a los otros porque así eludimos la responsabilidad personal de ser felices, de ejercer la libertad para construir con nuestras manos la propia felicidad. Poseemos el don precioso de la libertad interior pero sentimos temor de ejercerla. Pasan los años y terminamos sometidos al eficaz poder del miedo. Ser feliz es una decisión personal y valiente que revela hasta qué punto se es verdaderamente libre para elegir los mejores hábitos de vida. La decisión constante de ser feliz es  el emblema de quien es verdaderamente libre.

  • Defender nuestra templanza

    Defender nuestra templanza

    Llegar a desear lo auténtico para nuestras vidas implica pensar, reflexionar bien sobre los buenos objetos de deseo que sean acordes a nuestras auténticas necesidades. Esta reflexión es nublada con frecuencia por el bombardeo de los medios modernos  de información a que estamos expuestos y que tiende a desviar nuestra atención sobre los objetos adecuados del deseo. Para enfrentar con éxito este diario ataque mediático debemos tener siempre presente en nuestra mente a nuestros auténticos objetos de deseo. Una lista de los deseos, un mapa de prosperidad, un símbolo son eficaces ayudas para ganar esta batalla por nuestros sueños.

    También es un peligro a la templanza la manipulación de los medios de información[1]  que busca enfocarnos a objetos falsos del deseo. La propaganda mediática utiliza las cuatro formas de manipulación[2] como son la tentación, la seducción, la provocación y la intimidación para hacernos desear lo que no nos conviene. Una formación personal en la autonomía para decidir sin la intervención ajena es el mejor antídoto para enfrentar esta forma de ataque diario a nuestros auténticos deseos.

    [1] Véase Noam Chomsky. Como nos manipulan los medios de comunicación.[2] Joseph Courtés,  Análisis Semiótico del Discurso. Editorial Gredos. 1990. p. 161.

  • La rana y el escorpión.

    La rana y el escorpión.

    Antony de Melo cuenta la historia de una rana y un escorpión, en la que se encontraba una rana sentada a la orilla de un río. De repente se le acercó un escorpión quien le dijo:

    –Amiga rana, puedes ayudarme a cruzar el río?, puedes llevarme e tu espalda…

    –Que te lleve a mi espalda?- contestó la rana- ni pensarlo¡

    ¡Te conozco! Si te llevo a mi espalda, sacarás tu aguijón, me picarás y me matarás. Lo siento, pero no puede ser.

    —No seas tonta —le respondió entonces el escorpión—. ¿No ves que si te pincho con mi aguijón te hundirás en el agua y que yo, como no sé nadar, también me ahogaré?

    Y la rana, después de pensárselo mucho se dijo a sí misma:

    —Si este escorpión me pica a la mitad del río, nos ahogamos los dos. No creo que sea tan tonto como para hacerlo.

    Y entonces, la rana se dirigió al escorpión y le dijo:

    —Mira, escorpión. Lo he estado pensando y te voy a ayudar a cruzar el río.

    El escorpión se colocó sobre la resbaladiza espalda de la rana y empezaron juntos a cruzar el río.

    Cuando habían llegado a la mitad del trayecto, en una zona del río donde había remolinos, el escorpión picó con su aguijón a la rana. De repente la rana sintió un fuerte picotazo y cómo el veneno mortal se extendía por su cuerpo. Y mientras se ahogaba, y veía cómo también con ella se ahogaba el escorpión, pudo sacar las últimas fuerzas que le quedaban para decirle:

    —No entiendo nada… ¿Por qué lo has hecho? Tú también vas a morir.

    Y entonces, el escorpión la miró y le respondió:

    —Lo siento ranita. No he podido evitarlo. No puedo dejar de ser quien soy, ni actuar en contra de mi naturaleza, de mi costumbre y de otra forma distinta a como he aprendido a comportarme.

    Y poco después de decir esto, desaparecieron los dos, el escorpión y la rana, debajo de las aguas del río.

    Nadie puede cambiar a nadie, nacemos con una singularidad, un modo de satisfacer las necesidades primordiales que nos hace distintos, por lo que pretender cambiar al otro es como pedirle a un escorpión que cambie. Por eso el mejor secreto de una relación de pareja duradera o de un matrimonio feliz es la aceptación y comprensión del otro, naturalmente en la medida que el otro no nos produzca daño.