El Mayor tesoro

Dios habla a través del pintor, el arquitecto o el zapatero virtuoso. Encomienda a cada persona un don único, como a cada pájaro un trino singular. Corresponde a cada ser humano encontrar en su corazón esa cualidad de hacer algo muy bien para el beneficio de la humanidad, ese don para el cual vino a servir al mundo. Esta es la semilla originaria de la prosperidad de las naciones y las personas. El mayor tesoro no tiene que ver con el dinero, sino con el don de hacer algo muy bien, aquello que le apasiona y que se ejerce en beneficio de los demás. Quien encuentra ese don y lo practica, vivirá la dicha de sentirse un espíritu creador y dador, un verdadero mensajero de Dios.

Lo increíble es que encontrar ese don no es algo difícil. Basta indagar en nuestro corazón qué es lo que nos apasiona hacer, e imaginar aquello que haríamos a diario si tuviéramos nuestras necesidades económicas cubiertas durante toda la vida. La respuesta nos entregará la llave de la felicidad y la abundancia, que funciona si tenemos la valentía y magnificencia de entregarnos a nuestra verdadera pasión.  

La dirección de las actividades hacia lo que se ama hacer es el primer paso para transitar el camino de la felicidad. Poner los ojos y la voluntad en ese destino al que nuestro corazón nos convoca en los momentos íntimos de inspiración, nos da un sentido de coherencia entre lo que se piensa, se siente y se hace. Nos convierte en dioses de nuestro destino, nos hace semejantes a Dios.  


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