Los antídotos a las emociones que se desbordan

Sentimos la emoción de la ira cuando nos es arrebatado un objeto de deseo sea este un bien material como el dinero, o la tranquilidad personal. Podemos dominar esa emoción con el antídoto espiritual observando, desde nuestra fe en Dios, a nuestra emoción de la ira, sin reproches ni juicios. En segundo lugar podemos oponer a la ira el antídoto racional analizando el apego al objeto del deseo que sentimos arrebatado frente a nuestra capacidad de aceptar la realidad y perdonar la ofensa. Finalmente podemos usar el antídoto emocional oponiendo a la ira una emoción contraria: la serenidad.

Sentimos la emoción del temor cuando está amenazado un objeto de deseo, como un bien o la vida. El antídoto espiritual será sostener nuestra fe y observarnos a nosotros mismos experimentado el miedo. El antídoto racional será analizar nuestro apego al objeto de deseo y el alcance real de la amenaza pues el miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son, como nos advertía Tito Livio. El antídoto emocional consiste en  oponer la emoción contraria al temor: la valentía para enfrentar a la amenaza.

Sentimos la emoción de la tristeza cuando encontramos perdido un objeto de deseo, por ejemplo el cariño de una persona. El antídoto espiritual a la tristeza es el observar como un testigo silencioso, a nuestro sentimiento de tristeza. El antídoto racional será analizar nuestro apego al objeto de deseo y nuestra capacidad de aceptación de la pérdida. El antídoto emocional consiste en oponer a la tristeza la emoción contraria: la alegría. Decía Federico García Lorcadesechad tristezas y melancolías. La vida es amable, tiene pocos días y tan solo ahora la hemos de gozar”.

Sentimos la emoción del desagrado, cuando no alcanzamos nuestro objeto de deseo, por ejemplo culminar un curso, que nos den la razón, u obtener un aparato tecnológico. El antídoto espiritual al desagrado consiste en observar la frustración y disgusto que nos provoca esta emoción. El antídoto racional será analizar nuestro apego al objeto de deseo no alcanzado y si este era parte de nuestras prioridades. Podemos usar el antídoto emocional oponiendo la emoción contraria al desagrado: la gratitud con Dios y con la vida por el solo hecho de estar vivos.

Finalmente sentimos la emoción del placer cuando hemos conquistado o estamos por conquistar un objeto de deseo, por ejemplo, un título académico o un iPhone. El riesgo con la emoción del placer es que este se convierta en incontinencia cuando un objeto de deseo nos arrastra al desequilibrio en nuestra vida. El antídoto espiritual a la incontinencia es el observarnos sin juicios ni reproches padeciendo este estado. El antídoto racional consiste en rastrear las carencias personales que nos arrastraron a esa incontinencia. El antídoto emocional es solo uno: la medicina de la templanza, que consiste en, la inquebrantable voluntad de moderar el deseo y refrenar el impulso de los apetitos.


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