Uno de los grandes bienes que hemos perdido en la sociedad moderna es la conciencia del presente. La adicción al trabajo, redes sociales, consumo de bienes, y relaciones afectivas, se ha convertido en un mar en el que permanecemos ahogados, sin poder salir a la superficie y disfrutar de la tierra, el sol y las estrellas.
El deseo desenfrenado de acumulación de dinero para consumir objetos, hace que las personas vean el tiempo como un arsenal para la competición con los demás y no como una experiencia para disfrutar del presente.
Atrapados en el consumo adictivo de redes sociales y pantallas estamos perdiendo las competencias sensoriales con las que se puede apreciar el arte, oír a los pájaros, degustar los alimentos, olfatear con lentitud los alimentos, jugar con nuestros hijos y escuchar a nuestra familia.
Las relaciones afectivas posesivas en las que abandonamos nuestra autonomía y amor propio para entregar nuestra libertad y nuestro tiempo a otro en nombre del amor, nos han convertido en seres con miedo a la soledad y con culpabilidad para gozar nuestro presente personal.
Padecemos así los virus mentales del estrés, la ansiedad, la depresión. Nada de esto tiene que ver con estar en el presente. Hemos perdido así el único ámbito en el que podemos experimentar la felicidad, que es la conciencia del presente, el poder del ahora.
Vale preguntarnos, ¿Cómo regresar al presente y por tanto a la experiencia real de la felicidad?
Para vivir el presente no se pueden arrastrar las experiencias negativas del pasado ni cargar con las preocupaciones por el futuro. Es en el ahora donde ocurre la vida, así como el pasado ocurrió en un ahora y el futuro ocurrirá también en un ahora. La oportunidad de vivir se aprovecha solo en el ahora, entre la realidad que acontece ante nuestros sentidos.

