En la sociedad moderna existe una infinita sed de espiritualidad porque tenemos dificultad para hallar nuestros auténticos propósitos y el sentido que ellos deberían tener. Obsesionados con metas materiales vivimos desconcertados sobre las preguntas fundamentales que deberíamos sabernos responder a nosotros mismos. ¿Tiene sentido mi vida? ¿Hay un propósito superior que anima a mis búsquedas? ¿Son las personas importantes para mí? ¿Dios está en mi corazón? Las respuestas a estas preguntas esenciales abran las puertas a una vida espiritual.
Desde la antigüedad la búsqueda de felicidad ha estado vinculada a la espiritualidad. Las grandes religiones y las más valiosas tradiciones espirituales definirán el rumbo de la humanidad. A pesar de las revoluciones tecnológicas, la desesperanza y la soledad arroja hoy a muchos jóvenes a caminos ajenos a sus pasiones primordiales. La inconciencia colectiva tiene al planeta al borde de una extinción masiva climática. Es urgente interiorizar los rasgos de una vida espiritual, para que nuestra vida tenga sentido y demos hermandad para la sobrevivencia de toda la humanidad.
Es difícil definir a una persona espiritual. Solo podemos mostrar los rasgos propios de quien puede afirmarse es una persona espiritual.

